Ghosting: la serie mexicana que convierte el “visto” en terapia emocional

Ghosting serie mexican

Mateo Palazuelos y Alan Maldonado hablan sobre el proceso detrás de Ghosting: una serie de ocho monólogos que explora el ghosting como síntoma emocional de una generación que ama —y desaparece— desde el celular.

Por Miguel Vázquez

A casi todos nos han dejado en visto en redes sociales. Y sí, duele. Pero lo que más lástima no siempre es el silencio de la otra persona, sino la vergüenza propia: ¿por qué me ilusioné tanto?, ¿por qué sigo esperando que responda?, ¿por qué simplemente le dije que ya no quería nada?

De ese lugar incómodo surge Ghosting, la mini-serie vertical de ocho capítulos creada por Estudio Sandwich que toca esas heridas —cachondas, absurdas, angustiantes y profundamente humanas— del dating en la era digital.

Estrenada el 9 de febrero en la cuenta de Instagram de Estudio Sandwich, la serie convierte el “quedarse en visto” en una sesión íntima de terapia frente a cámara.

Ghosting / Foto: cortesía
Ghosting / Foto: cortesía

¿De qué trata Ghosting?

La serie está compuesta por ocho capítulos en los que jóvenes y no tan jóvenes se sientan en un diván para confesar las heridas que les dejó una historia reciente. No vemos las citas ni los mensajes en pantalla: escuchamos la versión posterior, el recuento, la autocrítica y, a veces, la negación de lo que pasó.

Cada episodio funciona como una mini sesión de terapia donde el personaje reconstruye lo que pasó, lo que imaginó y lo que nunca se atrevió a decir. El eje no es el romance, sino las contradicciones del amor en tiempos de match, algoritmos y conversaciones que mueren con un simple “visto”.

En entrevista exclusiva con Acotación Itinerante sus creadores, Mateo Palazuelos y Alan Maldonado, explican por qué decidieron hablar de un fenómeno que todos viven, pero pocos admiten que les afecta.

El silencio que nadie quiere admitir

“Nos interesaba hablar de la vergüenza”, cuentan en una entrevista vía zoom.

No solo la del ghosteado, sino también la culpa del que se esfuma del chat. Porque también existe la cargad e quien deja en visto y no sabe cómo cerrar una conversación.

La idea surgió de experiencias personales. Alan atravesaba una etapa de citas; Mateo, desde otra etapa de su vida, observaba el fenómeno con distancia. Entre conversaciones ambos encontraron que el ghosteo deja en los usuarios una sensación de vergüenza y vacío que podría ser la punta de lanza para contar una o muchas historias.

“Me acuerdo que una de las cosas que me mencionaba Alan es que a veces cuando nos ghostean, cuando nos dejan en visto nos da mucha pena y vergüenza, como que esa misma vergüenza nos deja callados. Y ese vacío y ese silencio es el que pensamos que tenía un lugar en esta serie, un lugar para que el público pudiera conectar”, señala Mateo.

“Hay situaciones que justo nos dan vergüenza hablarlas porque tal vez nos apegamos demasiado a una persona que conocimos muy poco o justo nos dio mucha culpa dejarlos en visto, Abandonar estas conversaciones o estas charlas porque no les veíamos mucho futuro, pero también por nuestra misma inseguridad no supimos darle cierre”, añade.

¿Por qué hacerlo en vertical?

Desde que fundaron Estudio Sandwich, tenían claro que querían crear narrativa pensada para el consumo real de hoy: el celular.

“Cuando empezamos a estudio sándwich, sabíamos que queríamos hacer contenido vertical, que pudiera acercarse a distintas marcas. Como sabes las redes sociales las usamos todos los días y todo el mundo estamos consumiendo contenido vertical. Entonces, pensábamos que ahí había un lugar para nosotros entrar, para experimentar y desde que iniciamos el estudio pensábamos en eso, ¿Cómo podemos innovar este formato?”, señala Mateo.

La meta no era solo adaptarse al lenguaje de Instagram o TikTok, sino probar que se puede contar una historia con sustancia en menos de cinco minutos. Algo que puedas ver en el baño, en el trayecto al trabajo o mientras esperas que hierva el agua para la cena.

“Nos interesaba hacer historias que fueran muy compactas, muy contenidas para que justo tengan un valor que puedan aspirar a ser virales, que puedan ser piezas que se compartan fácilmente, que se consuman fácilmente, tal cual queríamos crear una serie que se pueda ver en el baño o en los 5 minutos que tienes libre entre que te vas al trabajo o vas a hacer del trabajo y te vas a hacer tu cena”, añade Alan.

Eso sí, reconocen que el algoritmo no lo pone fácil: en Instagram, los videos mayores a 90 segundos no se distribuyen a públicos nuevos de forma automática. Aun así, han logrado decenas de miles de reproducciones de manera orgánica, impulsadas por comentarios y compartidos.

Ghosting / Foto: cortesía
Ghosting / Foto: cortesía

El guion: naturalidad antes que fórmula

Aunque pensaron en los “ganchos” iniciales —esos primeros segundos clave para evitar el scroll—, decidieron no quedarse en una estructura rígida.

Primero escribieron los monólogos completos. Después, extrajeron la esencia emocional del personaje para construir una entrada que funcionara como promesa.

El tono está influenciado por el mumblecore: diálogos naturales, titubeos, frases que se interrumpen, silencios que revelan más que las palabras. Querían que los personajes hablaran “como nosotros”, no como protagonistas de una telenovela.

La experiencia, dicen, es como llegar a una mesa donde tus amigos ya están hablando y algo de lo que escuchas te engancha porque te pasó lo mismo.

“Creo que Alan y yo venimos desde este gusto por historias que tienen diálogos muy naturales, el género mumblecore y decíamos, bueno, experimentar con este género, ver cómo podemos escribir diálogos que se sientan naturales y que revelen más del personaje casi desde el subconsciente”, señala Mateo.

Actuar el “chisme” como confesión

Lo interesante de la propuesta, además de que está en vertical, es que cada episodio es un monólogo. Hay un personaje. Un rostro. Un diván. Una confesión de ghosteo y nada más.

Bajo estas condiciones, el resultado recae en gran medida en los actores. Trabajaron los guiones con cada intérprete en sesiones por Zoom, donde pulieron ritmo, métrica y subtexto. Grabaron con tres cámaras simultáneas para permitir improvisación, libertad y sobre todo para acentuar las expresiones corporales y los gestos.

“Creo que al ser un monólogo, lo que ellos entendieron que era muy importante era que el diálogo tuviera cierto ritmo para que nunca se cayera la pieza y creo que eso fue lo que más se trabajó en la esa sesión por Zoom. Fue una sesión de una hora, dos horas con cada uno y fue todo. Luego ya en el rodaje mientras los maquillaban, le dimos una repasada al guión y ya”, dijo Alan.

Uno de los capítulos más complejos es el protagonizado por un personaje sordo, interpretado en Lengua de Señas Mexicana. La adaptación implicó asesoría especializada y una reestructuración del guion, ya que la lengua de señas no funciona igual que el español oral. El resultado: un episodio que se sostiene casi completamente en silencio, donde el peso dramático recae en la expresión facial y el ritmo visual.

“Es un nivel de complejidad distinto porque normalmente la lengua de señas no conjuga sus verbos, se estructura de otra forma el enunciado y algunas ideas se comunican más por la cara o por la posición de las manos y no tanto como por la palabra que se está diciendo”, añade Mateo.

Comunidad antes que viralidad

Aunque buscan alcance, el objetivo no es solo “hacerse viral” en redes sociales. Lo que más celebran es ver los videos llenarse de comentarios e incluso confesiones de los usuarios de redes sociales.

La idea es que la audiencia no solo consuma, sino que eventualmente sus historias sean utilizadas en próximos episodios.

Para una segunda temporada, buscan ampliar el universo: más diversidad de voces, más perfiles, incluso la posibilidad de mostrar las citas en pantalla y no solo la confesión posterior.

“Yo creo que a nosotros nos gustaría adaptar Ghosting a una temporada más larga, convertirla en una segunda temporada donde tal vez vemos a los personajes vivir sus citas y también vivir ese ghosteo. Por un lado, este formato lo hicimos desde también de la posición de hacer algo sencillo que se pueda replicar y que se pueda hacer con un presupuesto más pequeño. Pero claro, si podemos unir a más aliados, podemos proponérselo a alguna compañía que quiera apoyarnos. Creemos que sí se puede convertir en algo más grande porque justo conecta mucho con la gente”, señala Mateo.

Un fenómeno generacional

Mateo cuenta que cuando le explicó el concepto a su papá, este no entendía qué tenía de grave que alguien no respondiera un mensaje. Ahí está el punto.

El ghosting es un fenómeno generacional. Para Millennials y Gen Z, el “visto” es una forma de comunicación en sí misma. Es descortesía, es ambigüedad, es ansiedad, vergüenza y culpa. Lo hemos normalizado. Pero no por eso deja de doler.

Ghosting toma ese dolor mínimo, cotidiano y digital, y lo convierte en relato que se vuelve en un chismesito que resulta ser bastante entretenido. Si algo demuestra la serie es que detrás de cada palomita azul… hay una historia que vale la pena contar.

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