Bajo la dirección de Paloma López Carrillo, Say Goodbye retrata el duelo de una familia migrante marcada por la ausencia del padre
Por Xochipilli Hernández
El padre es una eterna herida. Su ausencia determina formas de relacionarse con el mundo y con los otros, su duelo es una herida que no termina de supurar. Bajo la dirección de Paloma López Carrillo, la película Say Goodbye explora la dimensión del duelo y la desaparición en la (s) vida (s) de una familia migrante.
La ausencia del padre es la narrativa fantasma que cruza la existencia de los tres
personajes, Sol (Sol Vargas), Rosa (Rosa Carrillo) y Javier (Javier Vargas), quienes viven en Estados Unidos. A la par que en el filme se desarrollan las causas de la pérdida, acompañamos a los tres personajes en su duelo y su cotidianidad lacerante, cuyo bastión es la soledad.

Son ellos, los supervivientes de la pérdida, quienes nos muestran la rotura a la que
se expone una familia ligada a la ausencia del padre, a través de tomas largas e inmóviles.
La cámara invita a detenerse en cada una de las vidas: observar sus rutinas y cómo, en medio de ellas, la falta cobra una dimensión mutante. En el caso de Sol, por ejemplo, el duelo trascurre entre competencias de fisicoculturismo y el acompañamiento terapéutico a la distancia.
Con Javier nos asomamos a una dimensión religiosa, desde la soledad del yo.
Con la madre, Rosa, el duelo encarna el habla; es ella quien tiene mayor posibilidad de enunciar la tristeza entre sus amigos. Son los tres, aislados en sus propias vidas, quienes nos muestran el significado del duelo.

El filme explora la dimensión de la soledad individual, dado que las tres vidas
transitan apartadas el plano del dolor con sutileza. A través de los cortes de cámara el quiebre familiar también se hace presente: son esos tajos los que determinan la
individualidad, pero también la fragmentación familiar.
Desde otra perspectiva, la soledad no sólo simboliza la magnitud de la pérdida paternal, sino también la soledad del migrante; habitar un espacio con una lengua distinta, tratar de encontrar la camaradería en lo similar, buscar espacios en los que ser un “otro” no sea una rareza.

La soledad, así, trasciende a otros planos, dado que lo individual reverbera en lo cultural. El espacio también cobra dimensiones importantes. Las frías montañas de Salt Lake son un reflejo de la soledad que enmarca las rutinas de los personajes. La observación del espacio se convierte en una reiteración de la dureza del paso del tiempo, pero también de su belleza.
El espacio habla por sí mismo. La propuesta de López Carrillo cabalga entre la exposición del duelo y la sutileza de lo cotidiano. A través de estos recursos el duelo aparece como la gran interrogante. No la desaparición del padre, sólo el dolor que deja. Say Goodbye es una apuesta por señalar ese dolor. Un dolor transformativo, pero que no deja de ser una cicatriz.
Esta reseña se escribió en el marco de la 10° edición de Talento Emergente en la Cineteca Nacional en la Ciudad de México.
