Por Miguel Vázquez
Nuestro cuerpo es una estrella que se expande es una película que debe sentirse, tanto por la complejidad de sus imágenes como por la potencia de su mensaje.
La nueva obra de Tania Hernández Velasco y Semillites Hernández Velasco llega al Festival Internacional de Cine en Guadalajara tras su paso por el Festival Internacional de Cine Documental de Ámsterdam con una propuesta que deja de lado la narrativa convencional para centrarse en el cuerpo —o en múltiples cuerpos— en constante transformación, invitando al espectador a cuestionar su propia relación con el cuerpo, la identidad y el cambio.

Un documental que se siente más que se explica
Lejos de las estructuras tradicionales, la película se construye como una experiencia sensorial que combina documental, animación, danza y collage. Pero más allá de su propuesta formal, lo que realmente la distingue es su intención: desplazar la narrativa del cuerpo como algo fijo para convertirlo en un territorio en constante transformación.
En entrevista, sus directores explican que el proyecto nació desde lo profundamente personal. Mientras Semillites iniciaba su transición de género, Tania se enfrentaba a memorias de rechazo hacia su propio cuerpo. De ese cruce de experiencias surgió un diálogo creativo que eventualmente se transformó en película.
“Decidimos entablar un proceso creativo y ver a dónde nos llevaba ese proceso y también con el conocimiento de que muchas otras personas también tienen estos mismos sentidos, sentidos que tienen que ver con el rechazo al cuerpo propio”, comparte Tania Hernández en entrevista con Acotación Itinerante.
Lo que comenzó como una exploración individual terminó convirtiéndose en una obra colaborativa donde ambos se colocan frente y detrás de la cámara, rompiendo incluso las jerarquías tradicionales del cine.

Contra la inmediatez: una pausa para sentir
En un contexto donde —como ellos mismos mencionan— las plataformas priorizan narrativas simples y consumo rápido, Nuestro cuerpo es una estrella que se expande apuesta por lo contrario: detenerse y apostar y experimentar con imagen, cuerpo y sonido.
“Creo que estamos acostumbrados a ver cosas rapidísimo, como que consumimos media muy rápido y tenemos medios digitales en todos lados, creo que lo que la película ofrece es un suspiro”, dice Semillites.
“Esto es una película que se disfruta cuando se sienta y se digieren las cosas y donde también a pesar de que hay una diversidad de temas y diversidad de medios, creo que te permite como espectador sentarte y mirar, reflexionar y darte esa meditación como que okay, esto cómo aplicaría mi vida, ¿no? Y regresar a la película cuando cuando estés listo”, añade.
La película no sigue una línea narrativa convencional. En cambio, invita al espectador a entrar, salir, reflexionar y regresar. Es una obra que se experimenta más como una meditación que como un relato lineal, donde los sentidos —no solo la vista, sino también lo táctil y lo sonoro— juegan un papel fundamental.
“Yo agregaría también que al ser una película sobre el cuerpo, es una película que parte mucho de la sensación, de la idea de lo táctil, de la idea de la escucha, no solo desde lo visual. Entonces, como que la invitación también es adentrarnos en un viaje sensorial y y esa es la apuesta, o sea, no necesariamente solo narrar algo de inicio a fin, sino que que puedas poner a disposición tu cuerpo eh pues a sentir, escuchar, incluso como a a a evocar el el gusto o pues sí, todos los sentidos. Entonces sí, creo que creo que esa es esa es la apuesta”, añade Tania Hernández.
Más allá de la transición: la transformación constante
Aunque el punto de partida está ligado a la experiencia trans, los realizadores señalan que la película no trata exclusivamente de eso, sino más bien cómo la idea del constante cambio
“Para mí esa es una lección de vida muy importante porque lo que me abrió fue una ventana de que todo el tiempo podemos transformarnos como seres individuales y colectivos. Renombrarnos, volver a empezar, pensar que lo heredado no necesariamente es lo último que tenemos, y a través de un ejercicio de imaginación definir quién eres”, señala.
Esta perspectiva permite que la obra conecte con públicos diversos, incluso más allá de la comunidad LGBTQ+. La película propone una lectura más amplia de la identidad, entendida como algo mutable, en construcción continua.

El cuerpo, la piel y la herida racial
Otro de los ejes más poderosos del filme es la exploración de la identidad racial y el rechazo al propio cuerpo, particularmente en relación con el color de piel.
Tania comparte que una de sus heridas más profundas proviene de la infancia, marcada por experiencias de discriminación. A través de la película, esa herida se transforma en un ejercicio creativo: descomponer el color café de la piel en una gama compleja de tonos, resignificándolo desde la belleza y la diversidad.
“A mí me sucede que empiezo a revisar pues cuáles son las heridas de mi cuerpo y una de esas heridas tiene que ver con la forma en la que cuando era niña me miraba a mí misma y tenía ese rechazo. Auto rechazo a mi color de piel y que obviamente tenía que ver con un contexto que me lo inscribió así, con experiencias en la escuela, con insultos, y también con el desplazamiento que nuestra familia tiene porque pues esa es otra parte también importante que la peli teje, que venimos de una familia campesina, de raíces mistecas, de raíces poco locas y al llegar a la ciudad, también hay un quiebre muy fuerte identitario”, señala.
Tania Hernández señala que la película parte de la herida racial no para repetirla, sino para resignificarla mediante la imaginación. A través de escenas como aquella en la que Semillites intenta recrear el color de piel mezclando distintos pigmentos —verde, amarillo, rosa, blanco—, se desmonta la idea simplista del “color café” como algo uniforme.
En ese gesto hay una intención clara: mostrar que la identidad racial no es fija ni reductible a una etiqueta, sino una construcción compleja, diversa y en constante transformación. Así, la película propone mirar la diferencia no como una categoría rígida, sino como un espacio abierto que puede reconfigurarse desde la sensibilidad, la creatividad y una nueva forma de entender la representación.
En este fragmento, la directora plantea que la película utiliza distintos lenguajes —manifiestos, danza, animación— para convertir el dolor en una forma de expresión creativa. La idea central es apropiarse del insulto y de la herida racial o de género, no para quedarse en el sufrimiento, sino para transformarlos en algo nuevo a través de la imaginación y el arte. Además, subraya que este proceso no es individual, sino colectivo y afectivo: se construye desde el acompañamiento, la ternura y el diálogo entre “hermanos” y “hermanes”, es decir, desde vínculos que permiten cuestionar y reconstruir identidades de manera más libre y consciente.
Filmar lo íntimo: vulnerabilidad y acompañamiento
Ponerse frente a la cámara para hablar de heridas personales no fue un proceso sencillo. Ambos coinciden en que la clave fue el acompañamiento mutuo.
Lo que se ve en pantalla no es solo una exploración artística, sino el reflejo de una relación construida desde la cercanía, el cuidado y la colaboración. De hecho, aseguran que más que la película transformar su vínculo, fue su vínculo el que hizo posible la película.
Guadalajara como punto de encuentro
Su llegada al Festival Internacional de Cine en Guadalajara representa un momento único. Después de la recepción positiva en Europa, el estreno en México se percibe como una “prueba de fuego”, especialmente por la cercanía de los temas con la realidad social del país.
“Yo creo que estamos emocionadas, nerviosas también porque la peli tuvo su estreno mundial en Ámsterdam. Y fue recibida de forma muy linda sobre todo público joven. Pero lo cierto es que hay una resonancia de los temas y las vivencias, de las corporalidades que habitan en este territorio. Yo creo que esa es nuestra prueba de fuego de alguna manera, ver cómo la gente la recibe acá”, concluyen.
Esta entrevista se publicó en el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara 41
