Sergio López
La ansiada continuación de la película que se convirtió en un referente cultural a
principios de los años 2000 por fin regresa, trayendo de vuelta a los personajes
emblemáticos además de cameos sorpresas sumamente agradables; e
inesperadamente una historia más profunda que la superficial y despiadada industria de la moda.
Cuando un conflicto interno amenaza a la publicación Runway, amigos y enemigos del pasado trabajaran de la mano en un intento desesperado por salvaguardar su modo de vida, enfrentándose a una crisis que afecta a la sociedad contemporánea que los hará adaptarse a un mundo incierto.

La narrativa es una reflexión empática acerca del estado actual de muchas industrias que están sufriendo cambios radicales y para nada benéficos en múltiples niveles, como lo son el periodismo, la lectura, la comprensión lectora y el medio escrito; principalmente por culpa de la IA y la amenaza constante que esta tecnología disruptiva representa para varios sectores creativos y artísticos.
También es una crítica a la absurda cantidad de poder y toma de decisiones
cuestionables que tienen los CEO y ultra millonarios en pos de maximizar las
ganancias; importándoles poco si afectan familias enteras en el proceso, destruyendo compañías y trayectorias sin atropellos.
Las actuaciones de Meryl Streep y Anne Hathaway siguen demostrando porque estás dos actrices son monumentales en todos los aspectos; Emily Blunt encanta con un deleite de enemistad y Stanley Tucci es el perfecto contra balance, la voz serena de la sabiduría en medio del caos.

Hablar del vestuario es obligado, las prendas que especialmente Miranda Priestly,
Andrea Sachs y Nigel Kipling portan son espectaculares por decir lo menos, mostrando un estilo único que enaltece los matices de cada uno de ellos; sin duda superando con creces los icónicos diseños de la primera entrega.
El Diablo Viste A La Moda 2 cumple cabalmente con su objetivo, logrando satisfacer a los fans de la primera parte superando a su antecesora en algunas características, cerrando satisfactoriamente la saga, además de ofrecer un análisis humano acerca de las transformaciones caprichosas del capitalismo y utilizando la nostalgia para justificar un síndrome de Estocolmo generacional que indudablemente se convertirá también en una de las mejores “comfort movie” de la historia.
