Summer Wars y el valor de permanecer unidos frente al caos tecnológico

Mamoru Hosoda construye una historia vibrante donde una crisis digital sirve para recordarnos la importancia de la familia, la solidaridad y la conexión humana.

Por Camila Reyes

Lejos de asimilarse a las distopías tecnológicas que hemos visto recientemente, el animador y aclamado director Mamoru Hosoda en su obra Summer Wars, nos sumerge en una historia fresca, cómica y con destellos de romance, en donde la tecnología funciona no exclusivamente como una amenaza qué vencer, sino como una herramienta para reconocer el verdadero valor de la cinta: la unión humana.

La historia nos presenta a Kenji, un estudiante hábil en informática que acompaña a Natsuki, una amiga suya, para celebrar el cumpleaños de su bisabuela. Kenji, agobiado por no pasar de clasificación en las Olimpiadas matemáticas se vuelve parte de Oz, un mundo virtual que emana colores brillantes, líneas fuertes y avatares bastante peculiares, siendo así una distracción casi ideal. Sin embargo, mientras se encuentra en la casa de la familia de su compañera, recibe un “acertijo” que en realidad es una trampa, desatando así un ataque virtual propiciado por una IA, que roba las cuentas de los usuarios y aprende rápidamente a absorber y aprender la información de Oz. Lo que parecía ser sólo un hackeo termina escalando a niveles que podrían poner en riesgo a toda la sociedad y ahora deben encontrar la forma de detenerlo.

Una distopía tecnológica que se adelantó a su tiempo

En la cinta destaca, como en todo el trabajo del director, una animación fluida y personajes auténticos. El humor es orgánico y se beneficia del medio animado para la exageración en las reacciones de los protagonistas. El diseño de los avatares en Oz y el cambio de las líneas externas del dibujo a un rojo vivo, y sólidos blancos muy marcados es quizás la diferencia más novedosa incluso al ser una cinta del 2009, ya que dista mucho de la paleta convencional en un filme de ciencia ficción; además las interfaces y muchos detalles sobre todo en los juegos dentro del mundo virtual se asimilan bastante a plataformas que utilizamos hoy en día, volviéndolo una predicción acertada. También es agradable ver el cambio de los elementos arquitectónicos, los paisajes, la evolución de avatares, diferencias entre el plano real y el mundo cibernético que van presentándose para el final de la película.

El sello visual y emocional de Mamoru Hosoda

De igual forma vemos la fuerte relación familiar en la que se desenvuelve la familia, punto que es clave para la resolución del problema; el énfasis en no rendirse, en actuar frente a una injusticia son valores esenciales para la trama; valores que pasan a contagiarse de un personaje a otro sin caer en un optimismo excesivo.

Por otra parte, el uso del 3D en este tipo de largometrajes puede verse a momentos ligeramente fuera de lugar por los tamaños o el tipo de movimiento de los elementos, sin embargo no es molesto de ver y no interrumpe el seguimiento de las batallas o de las secuencias más grandes. Al contrario en su mayor parte está bien logrado, y es preciso tomar en cuenta el momento de su realización ya que actualmente la inclusión de los modelos tridimensionales se ha perfeccionado. 

El reestreno de esta gran producción realizada por Studio Chizu y MADHOUSE, llega a salas de Cinépolis de la mano de Konnichiwa! y Más que Cine, en el marco del Festival de Cine Mamoru Hosoda, que celebra su trayectoria. Estará en salas del 14 al 17 de mayo.

Descubre más desde Acotación Itinerante

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo