Steven Spielberg regresa a la ciencia ficción con una ambiciosa historia sobre extraterrestres, conspiraciones gubernamentales y empatía
Por Miguel Vázquez
El final de El Día de la Revelación es un monumento dedicado a la ciencia ficción y a todos aquellos que siguen creyendo que no estamos solos en el universo. Pocas veces hemos sido testigos de una conclusión tan espectacular, emotiva y visualmente abrumadora dentro del género. Y aunque debo admitir que gran parte de su segundo acto no terminó por convencerme —principalmente por la sobrecarga de escenas de acción, persecuciones y unos antagonistas sorprendentemente torpes—, la película encuentra en su último acto una recompensa que justifica todo el camino recorrido.
Steven Spielberg regresa al terreno que mejor conoce para construir una historia sobre extraterrestres que, en realidad, habla de nosotros mismos. Sobre la urgencia de recuperar la empatía por el otro, de creer en algo más grande que nosotros y de imaginar qué ocurriría si un día descubriéramos que la humanidad no está sola en este vasto universo.
El resultado es una película ambiciosa que tropieza en varios momentos, pero que nunca pierde de vista aquello que la hace especial: la capacidad de maravillarse ante lo desconocido. Entre conspiraciones, persecuciones y preguntas existenciales, Spielberg construye una experiencia fascinante que confirma por qué sigue siendo uno de los grandes arquitectos de la ciencia ficción moderna.

¿De qué trata El Día de la Revelación?
La historia sigue a Daniel Kellner (Josh O’Connor), un hombre que roba información delicada capaz de cambiar para siempre la forma en que la humanidad entiende su lugar en el universo. La organización Wardex lo persigue para recuperar esta información, ya que su misión es mantener ocultos los secretos relacionados con la existencia de vida extraterrestre. Daniel se une a un grupo de desertores de esta organización dispuesto a revelar la verdad al mundo durante un acontecimiento conocido como el Día de la Revelación.
Al mismo tiempo, Margaret Fairchild (Emily Blunt), una meteoróloga de Kansas City, comienza a experimentar extrañas habilidades como hablar otros idiomas o conocer los secretos de las personas que la rodean. Sin embargo, poco a poco va descubriendo su verdadero propósito y entiende que debe encontrarse con Daniel Kellner para formar parte de algo mucho más grandes y lograr que se lleve a cabo la revelación.
En su camino deberán enfrentarse a Noah Scanlon (Colin Firth), el líder de Wardex , mientras buscan reunirse con Hugo Wakefield (Colman Domingo), un hombre convencido de que la humanidad está lista para conocer la verdad.

La fascinación por lo desconocido
Uno de los aspectos más interesantes de la película es la manera en que parece funcionar como una continuación de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. Si aquella obra estaba centrada en el primer contacto entre la humanidad y una inteligencia extraterrestre, aquí Spielberg parece preguntarse qué ocurrió después. ¿Qué hicieron los gobiernos con esa información? ¿Cómo reaccionó el poder frente a lo desconocido? ¿Qué tan lejos estaría dispuesto a llegar para mantener el secreto?
Gran parte del peso emocional de la película recae sobre sus protagonistas, y tanto Josh O’Connor como Emily Blunt demuestran que están la altura de tan ambicioso proyecto. La química entre ambos resulta natural, convirtiéndose en el ancla emocional de la historia. Sin embargo, es Blunt quien termina robándose la película. Su interpretación de Margaret transmite vulnerabilidad, confusión y empatía, a veces sin mencionar ninguna palabra. Hay momentos en los que con sólo una mirada podemos comprender todo lo que está sintiendo el personaje, especialmente cuando comienza a habitar y conocer a todas aquellas personas que la rodean.
No obstante, El Día de la Revelación termina por sorprendernos hasta su tercer acto. Spielberg se permite imaginar el momento exacto en el que la humanidad conoce la verdad que las autoridades habían estado ocultando durante tantos años. Y el momento es realmente abrumador.
Lo fascinante de la secuencia es que Spielberg no centra su atención en los extraterrestres, sino en la reacción humana. Millones de personas observan simultáneamente la verdad que se presenta y esto de alguna forma resulta conmovedor y sorprendente al mismo tiempo.
La secuencia ocurre en medio de una crisis internacional que amenaza con desencadenar la Tercera Guerra Mundial. Durante unos minutos, las tensiones políticas, los conflictos entre naciones y las diferencias ideológicas pasan a un segundo plano. La noticia más importante del planeta deja de ser aquello que amenaza con dividirnos y se convierte en aquello que nos recuerda que todos habitamos el mismo mundo.
La revelación extraterrestre se presenta como una oportunidad para reflexionar sobre la cualidad que tiene la humanidad para demostrar empatía. Mientras los gobiernos han dedicado décadas a ocultar información y alimentar el miedo, la película imagina un espacio en el que la verdad tiene el poder de unir a millones de personas alrededor de una misma experiencia y esto resulta hermoso.
Y cuando parece que la historia ha alcanzado su punto más alto, todavía guarda una última sorpresa, que preferimos no mencionar.

Cuando el misterio pierde el rumbo
Desafortunadamente, el camino para llegar a ese extraordinario desenlace no siempre resulta igual de efectivo. El principal problema de El Día de la Revelación aparece en su segundo acto, cuando la película parece obsesionarse con las persecuciones y las escenas de acción. Aunque varias de ellas están ejecutadas con la precisión técnica que caracteriza a Spielberg, terminan ocupando demasiado espacio en pantalla.
A esto se suma que los antagonistas son demasiado torpes. Los miembros de Wardex no representan una verdadera amenaza y, en más de una ocasión, los protagonistas se salen con la suya de formas que rozan lo absurdo. Conforme avanza la historia resulta difícil no sentir que todo se acomoda convenientemente para que Daniel y Margaret lleguen al lugar donde debe ocurrir la gran revelación.
Tampoco ayudan algunos diálogos que por momentos caen en lugares comunes. Lo mismo ocurre con ciertos efectos visuales, particularmente en algunas secuencias con animales generados por computadora que contrastan con el altísimo nivel técnico que domina el resto de la producción.
No estamos solos
Detrás de sus conspiraciones gubernamentales y sus misterios extraterrestres Spielberg planea una reflexión sobre la empatía, la verdad y la necesidad de encontrar algo que nos una en tiempos cada vez más divididos y en donde la guerra y el miedo están en todas partes. Sin lugar a dudas es una cinta que más allá del asombro, resulta bastante esperanzadora.




