Alpha: cuando el estigma resulta más devastador que la enfermedad

Julia Ducournau utiliza una epidemia ficticia para explorar el miedo al contagio, el estigma y la exclusión en una película tan ambiciosa como irregular

Miguel Vázquez

Puntuación: 3 de 5.

¿Qué ocurre cuando el miedo a una enfermedad termina siendo tan o incluso más devastador que la propia enfermedad? A través de una epidemia ficticia que convierte lentamente a sus víctimas en piedra, Alpha, la más reciente película de Julia Ducournau, construye una historia sobre el contagio, la pérdida y los prejuicios que una sociedad puede desarrollar hacia quienes son percibidos como diferentes.

Alpha / MUBI México

¿De qué trata Alpha de Julia Ducournau?

La historia sigue a Alpha (Mélissa Boros), una adolescente de 13 años que vive con su madre (Golshifteh Farahani), una médica que intenta sacar adelante a su hija mientras la región enfrenta una epidemia transmitida por la sangre que ha sumido a la población en el miedo y la paranoia.

Todo cambia cuando Alpha regresa de una fiesta con un tatuaje realizado con una aguja usada. El incidente despierta el temor de que haya contraído la enfermedad. Conforme avanza el padecimiento, la piel de los enfermos se vuelve blanca o gris, mientras una especie de polvo del mismo color emerge de sus cuerpos hasta convertirlos en figuras similares al mármol.

Al mismo tiempo, la vida de Alpha y su madre se ve alterada por el regreso de Amin (Tahar Rahim), hermano de la doctora y tío de la adolescente. Marcado por años de adicción a la heroína y por un evidente deterioro físico, Amin intenta reconstruir su vida mientras enfrenta sus propios demonios.

Ante la sospecha de que Alpha podría estar infectada, su madre decide mantenerla cerca de Amin. Aunque en apariencia pertenecen a mundos distintos, ambos desarrollan un vínculo particular al reconocerse mutuamente como figuras marginadas, observadas con miedo y desconfianza por quienes los rodean.

Alpha / MUBI México

El miedo a lo que no conocemos

Más allá del horror corporal, Alpha encuentra una de sus mayores fortalezas en la forma en que la enfermedad que atraviesa la película evoca la crisis del VIH/SIDA de los años ochenta. El temor al contagio, la desinformación, el aislamiento de los enfermos y la manera en que la sociedad convierte ciertos cuerpos en motivo de sospecha se manifiestan constantemente a lo largo del relato.

Uno de los momentos más brillantes ocurre durante una clase de natación. Tras una discusión con una compañera que intenta impedirle entrar a la alberca, Alpha termina golpeándose la cabeza contra el borde y comienza a sangrar abundantemente. Lo que sigue no es una reacción racional, sino una estampida impulsada por el pánico. Las demás alumnas abandonan desesperadamente el agua mientras la protagonista permanece sola en medio de la alberca. Ducournau convierte ese momento en una poderosa representación de la histeria colectiva que suele surgir cuando el desconocimiento sustituye a la empatía.

La película encuentra otro ejemplo igual de efectivo en Adrien, el compañero por el que Alpha siente atracción. Aunque él también se tatuó con la misma aguja, decide ocultarlo para evitar convertirse en objeto de rechazo. A través de este personaje, la directora muestra cómo el estigma no sólo afecta a quienes son señalados públicamente, sino también a quienes viven con el temor de ser asociados con lo que la sociedad considera amenaza.

Enfermedad y adicción: dos condiciones observadas desde el prejuicio

Sin embargo, Ducournau no limita su discurso únicamente a la enfermedad. La figura de Amin establece un puente entre el contagio y la adicción, dos condiciones que suelen ser observadas desde el prejuicio antes que desde la empatía. Tanto él como Alpha son tratados como personas potencialmente peligrosas, condenadas por circunstancias que muchas veces escapan a su control. Es en esta relación donde la película encuentra algunos de sus momentos más conmovedores.

Gran parte de esa fuerza emocional descansa en el trabajo de Tahar Rahim. El actor entrega una interpretación vulnerable, transmitiendo el desgaste físico y emocional de un hombre que intenta mantenerse en pie mientras el mundo parece haberlo abandonado. Su presencia dota de humanidad a una película que constantemente queda atrapada en sus propias metáforas.

Ducournau construye una historia repleta de simbolismos sobre la enfermedad, la adicción, el duelo y la memoria, pero en ocasiones estos elementos hacen que la narrativa no sea tan clara. El mejor ejemplo llega durante el tercer acto, cuando la película sugiere que Amin podría ser una especie de fantasma o incluso una manifestación de los recuerdos de Alpha. La directora nunca termina de definir qué elementos pertenecen a la realidad y cuáles operan únicamente en un plano simbólico.

Alpha / MUBI México

El problema de querer abarcarlo todo

La sensación de confusión se ve agravada por la enorme cantidad de temas que la película intenta abordar simultáneamente. Alpha habla sobre la crisis del VIH/SIDA, la adicción, el duelo, la adolescencia, la sexualidad, la memoria familiar y el miedo a la muerte. Cada uno de estos elementos resulta interesante por sí mismo, pero la película no se da el tiempo suficiente para explorar alguno de estos temas con la profundidad que merece.

Esta acumulación de conceptos también afecta a varios personajes secundarios. Mientras la relación entre Alpha y Amin logra desarrollarse con solidez, otros personajes se quedan en el limbo. Incluso la madre de Alpha, quien ocupa una posición fundamental dentro del relato, queda parcialmente relegada a representar ciertas ideas sobre la culpa y la protección antes que a desarrollarse como una persona compleja.

Por momentos, Alpha parece confiar demasiado en la fuerza de sus imágenes. Ducournau continúa demostrando un talento extraordinario para crear secuencias visualmente impactantes, pero no todas poseen el mismo peso dramático. Algunas escenas buscan tanto construir una metáfora que terminan debilitando la conexión emocional con los personajes.

Aun con esas limitaciones, Alpha confirma a Julia Ducournau como una de las cineastas ambiciosas del cine contemporáneo. Su aproximación al horror corporal continúa siendo única, y la manera en que utiliza una epidemia ficticia para reflexionar sobre el estigma, la exclusión y la pérdida da lugar a algunos momentos genuinamente poderosos. Aunque la película tropieza bajo el peso de sus propias metáforas y por momentos sacrifica claridad en favor del simbolismo, su capacidad para construir imágenes perturbadoras demuestra que se trata de una obra que debe verse en pantalla grande. Quizá no alcance la contundencia de Raw ni la audacia de Titane, pero sí ofrece una reflexión profundamente humana sobre el miedo y las consecuencias de convertir a los demás en aquello que tememos.

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