El remake live action de Moana reproduce casi escena por escena la película de 2016, pero deja atrás la emoción, el encanto y la personalidad que convirtieron al clásico animado en uno de los mayores éxitos de Disney
Por Luis Servin
Si amaste Moana en 2016, es tu película favorita, la de tus hijos o sobrinos y quieres correr al cine con ellos a ver la nueva versión live acton dirigida por Thomas Kail (Hamilton) tal vez deberías reconsiderarlo pues Moana 2026 le quita todo aquello que amaste a la historia de la princesa de las Polinesias.
Moana de 2026 sigue al pie de la letra la trama de la película animada: Maui (interpretado por Dwayne Johnson), semidiós del viento y el océano, roba el corazón de Te Fiti, la diosa dadora de vida, desatando así peligros inimaginables, monstruos salvajes y una plaga que aniquila toda la vida en el mundo de forma paulatina. Moana (Catherine Laga’aia), hija del jefe de la isla de Motunui, desafía las leyes de su pueblo y se embarca en una aventura para salvar su hogar cuando es elegida por el océano para devolverle a la diosa su preciado corazón.

Tal vez lo primero que debería mencionar es el horrendo trabajo de Dwayne Johnson (Rápidos y Furiosos) como Maui. Es entendible la decisión del estudio al haberle dado el papel, él prestó la voz para el personaje en la versión animada de 2016, sin embargo, su presencia en Moana 2026 resulta sumamente incómoda debido a la pobre caracterización del personaje y a la espantosa peluca que Johnson utiliza durante toda la película. Esto último inclusive es un distractor que constantemente te saca de la cinta. De igual manera, todo el carisma, el encanto y la vena cómica de Johnson están completamente ausentes y son sustituidos por momentos incómodos con Catherine Laga’aia, escenas de acción donde el físico del actor está desperdiciado y chistes planos. Además, es una lástima que un elemento narrativo tan importante del personaje, como lo son sus tatuajes, aparezcan solo durante breves momentos, supongo yo, para ahorrarle el trabajo a los artistas de efectos visuales.
Catherine Laga’aia, por otro lado, hace un buen papel como Moana: su interpretación transmite el optimismo y la incertidumbre de una chica de 16 años descubriendo su lugar en el mundo y quién quiere ser realmente; los números musicales le permiten a Laga’aia explotar su talento para cantar al punto de que logra superar el trabajo de Auliʻi Cravalho, quien le dio voz a Moana en la cinta original. Desgraciadamente un aspecto que queda extraño es lo referente a la fisicidad de la actriz, pues en los momentos de acción su actuación es reemplazada por un doble en CGI cuyos movimientos se sienten poco realistas (en la secuencia de los cocos incluso hace piruetas en el aire imposibles para un ser humano).
Los efectos especiales y el CGI son de los aspectos más débiles de la película. La historia se desarrolla casi completamente en el océano, sobre un bote o islas pequeñas, pero en ningún momento es creíble que los protagonistas estén en el medio del mar luchando contra el oleaje o bailando en la playa; el trabajo de composición y la iluminación se sienten artificiales, por momentos literalmente los actores parecen recortados del set con pantalla verde y una alberca para pegarlos en un fondo genérico de isla tropical. A los animales, como el gallo Hey-Hey o el cerdito Púa, se les da un tratamiento “realista” que se vuelve incómodo de ver y por momentos llega a caer en el Valle Inquietante. Lo más rescatable es Tamatoa, el cangrejo gigante antagonista, pues su secuencia es espectacular, el diseño del personaje luce aterrador y amenazante y genera verdadero peligro para los protagonistas, aunque cuando se trata de que Johnson o Laga’aia interactúen con él la composición vuelve a fallar.

Para este punto, muchos (como yo lo hice en la sala de cine) se estarán preguntando “¿Cuál es el punto de hacer un remake live action de Moana?”. La respuesta más sencilla sería que a Disney le encanta el dinero y la moda en Hollywood es ordeñar las franquicias más jugosas hasta dejarlas secas y capitalizar sobre la nostalgia que generan en el público, pero con Moana esto es diferente; la película original cumplirá diez años de haberse estrenado en noviembre, la secuela salió hace apenas dos años y hay una serie anunciada para Disney+, la “vida” de Moana como producto original explotable aún no ha terminado; los personajes y ese mundo siguen vigentes en la cultura popular, los niños que vieron la cinta en el cine, en su mayoría, no llegan a los 20 años.
A Moana 2026 le irá bien en las salas de cine, los papás llevarán a sus hijos a verla, se van a entretener, volverán las canciones, los peluches, las muñecas y seguro tendremos una secuela (otra vez) en un par de años, pero es interesante observar como todo esto se “logrará” gracias a arrancarle el alma y el corazón a una historia entrañable sobre encontrarse a uno mismo.
Recuerdo haber visto la cinta animada y sentir emoción en las secuencias de acción, me reí con Maui y su canción “De nada”, quedé impactado con el giro final, sentí verdadera angustia por Moana cuando se enfrentaron a Tamatoa. La película de 2026 dirigida por Thomas Kail se siente vacía: los momentos emocionales no te golpean, la catarsis del personaje no te enchina la piel porque no posee algo único que destaque sobre todas las otras propuestas en salas de cine, ni siquiera los colores brillantes del filme original o el encanto de los personajes.

¿Cuán lejos llegará Disney por hacer dinero? Los live action de cintas de los años 40’s, 50’s y hasta las de los 90’s tenían “sentido”: algunas historias podían actualizarse a tiempos más modernos, otras estaban tan olvidadas que valía la pena quitarles el polvo, otras se prestaban para contar versiones alternativas y si, están aquellas tan populares porque formaron la infancia de quienes hoy tienen hijos o el poder adquisitivo de ir al cine y comprar un combo de palomitas y nachos, pero el live action de Moana carece tanto de sentido como de corazón, es solo explotar una historia, quitarle lo que la hace especial y pedirle a la audiencia sentarse a ver la misma película.
¿Sigue un live actión de Frozen o de Zootopia? Ambas son las franquicias más rentables en años recientes del estudio. Por lo pronto en unos años veremos la versión en acción real de Enredados. Quien quita y quizá en unos 10 años veamos primero la versión animada y seis meses después el remake.

