Por Sergio López
¿Qué pasaría si los avances en la ciencia permitieran traer de regreso a los muertos, aunque no resucitarlos de la manera en que todos nos imaginamos y solo por tiempo limitado? ¿Seriamos capaces de despedirnos “correctamente” o seguiríamos desperdiciando el escaso tiempo adicional que podríamos pasar junto a ellos?
Un final diferente es una historia bastante original en la manera de tratar la muerte,
pero sobre todo en representar como los seres humanos somos incapaces de procesar el duelo. Demostrando también lo egocéntrico que podemos ser cuando nuestro juicio se encuentra completamente nublado y como la falta de empatía puede llevar nuestras acciones a limites inesperados, casi enfermizos.

Un futuro distópico cargado de duelo
La premisa nos habla acerca de los ausentes y los huéspedes, quienes son los
protagonistas de este drama; por un lado, los recuerdos guardados en discos duros o en la nube, ahora propiedad de una empresa privada y que pueden utilizar y borrar a discreción. Por otro lado, personas en situaciones vulnerables que por diversas razones prestan su cuerpo y conciencia para que otros individuos puedan tener un “cierre” emocional.
Por lo que la película se convierte en un atisbo distópico a un futuro vacío y gris en
donde la relevancia que tenemos cada uno de nosotros y lo importante que podemos llegar a ser para nuestra familia, amigos y pareja se vuelve algo tan burdo como una moneda de cambio. Una profanación a la integridad personal y a la remembranza de otros. Una prostitución del alma.

Una sociedad que revive cuerpos, pero no emociones
Los colores utilizados en cada una de las escenas también enfatizan en la historia,
estas tonalidades apagadas nos revelan una sociedad enferma, grisácea y sin vida; irónico para una sociedad que proclama el poder traer a los muertos de vuelta.
La narrativa tampoco es moralina, lo cual es sumamente refrescante de ver; incluso
dentro del dialogo las personas aceptan que la verdadera intención detrás de esta
tecnología no es más que una fachada para sacar dinero y que realmente no ayudan al proceso de sanación, sino que profundizan el dolor. No obstante, el ritmo y guion de la película pueden sentirse un poco pesados por la manera en que se desenvuelve la trama.
Las actuaciones por parte de Renate Reinsve y Gael García Bernal son muy buenas, recordándonos que, sin importar el contexto, siempre otorgan una calidad en sus protagónicos.
El final está muy bien manejado, y sorprende en su revelación; la cinta deja un menaje importante acerca de la mortalidad y una pregunta aún más compleja ¿Realmente qué constituye a un ser amado, es el físico, la personalidad, la construcción que tenemos por esa persona especial en nuestra mente, los recuerdos, los sentimientos, los ademanes? El todo es más que la suma de sus partes y todos somos invaluables e irrepetibles.
