Sinners mezcla vampiros, zombies y blues para construir un potente black horror sobre racismo y cultura negra.
Por Xochipilli Hernández
Sinners me parece, ante todo, una película de la posmodernidad. Ryan Coogler (dirección) apuesta por un filme que recupera la figura del vampiro-chupasangre como un epítome de la blanquitud; la música blues y el jazz como medios para la defensa de la cultura negra; el gótico sureño, tan explorado en la literatura por autores como Tony Morrison, con la espacialidad rural de un Estados Unidos esclavista; el black horror y su tradición cinematográfica (películas como Us o Get out, de Jordan Peele, que juegan con el terror nacido de las injusticias raciales)… y los zombies, representados en los “mordidos”- convertidos por los vampiros. Todo eso lo hace una obra que apela a la mezcla de discursos para construir un filme con un potencial crítico avasallante.

La película relata el retorno de Smoke y Stack (Michael B. Jordan) al delta del Misisipi, dos gemelos y veteranos de guerra que, hartos de trabajar para la mafia en Chicago, compran un aserradero con el fin de construir un club de jazz en pleno corazón del sur norteamericano. La idea, per se, es un desafío: un club exclusivo para la comunidad negra en un periodo histórico complicado para la misma. La dificultad la enarbolan el dueño del aserradero, el terrateniente racista Hogwood, y un vampiro inmigrante irlandés llamado Remmick (Jack O’Connell), quien no duda en aumentar su sociedad vampírica con miembros del Ku klux Klan, para derribar (y engullir) el nuevo espacio de Smoke y Stack.
TE PUEDE INTERESAR: Urchin: un retrato crudo sobre la adicción y la vida en situación de calle
Blues y Country, una batalla cultural
La música es un elemento importante en la cinta. No sólo porque dota de sentido y matiza la historia, si no porque toma un papel fundamental en ella: Sammie (Miles Caton) es un joven que defiende a su comunidad con sus notas de jazz y blues. Del lado vampírico, Remmick convoca a la sociedad chupasangre con su banjo irlandés y la promesa (seductora) de inmortalidad para el joven músico, con la traición que eso implica. La película se desdobla en dos planos: por un lado, el blues como expresión musical de resistencia y por otro, un incipiente country, canto de sirenas frente a la defensa de la identidad negra.

Y los zombies…
Algo interesante en la historia es la conversión de los personajes en zombies. Una vez mordidos por los vampiros irlandeses, los miembros de la comunidad ya no son personas ni vampiros: son zombies. Zombies que quieren atacar a su propia comunidad y siguen las órdenes de Remmick. Como metáfora es detonante: es la idea de desentenderse de su tradición y su cultura, para seguir otra, más hegemónica. La figura del zombie como aquél que ya no es capaz de identificarse como parte de algo. La propuesta de Sinners es despiadada: o perteneces o eres un zombie, Nada de zonas medias.
Sinners se estrenó con un éxito en taquilla que también desearía que se viese reflejado en premios y nominaciones. Cabe apreciar todos sus matices, y tomarlo como un representante de un black horror poco inocente.
Recientemente, Sinners obtuvo 4 premios en los Critics Choice Awards.
• Mejor Banda Sonora Original
• Mejor Reparto y Elenco
• Mejor Guion Original
• Mejor Actor/Actriz Joven (Miles Caton)




