Hamnet y el arte que vive tras engañar a la muerte

Hamnet

La nueva película de Chloé Zhao transforma el duelo en uno de los actos más bellos del cine reciente.

Puntuación: 5 de 5.

Perder a un ser querido es probablemente una de las experiencias más devastadoras que puede enfrentar una persona. No existe una palabra capaz de nombrar el vacío que deja la ausencia; sin embargo, el poder del arte parece ser la única forma de acercarse a ese dolor innombrable.

O al menos eso me demostró Hamnet, la nueva película de Chloé Zhao, quien, a través de una cinematografía profundamente poética, logró que toda la sala donde tuve la oportunidad de verla se congelara en un silencio que nos obligó a mirar la muerte de frente. Y eso, para mí, ya le vale ser la película más hermosa que nos dejó el 2025.

Hamnet / Universal Pictures

Una historia lejos de la fama de Shakespeare

Ambientada en la Inglaterra del siglo XVI, Hamnet se sitúa lejos de los escenarios y la fama para contar una historia desde la intimidad del hogar de Agnes (Jessie Buckley) y su esposo, William Shakespeare (Paul Mescal).

Su primer acto se siente como una narrativa cargada de magia y misterio, donde el amor y la familia se construyen en medio de una fuerte conexión con la naturaleza. En esta primera parte, el eje principal es Agnes, una mujer a quien los rumores señalan como bruja. La película muestra la dinámica familiar, con un William Shakespeare trabajando en Londres y una joven madre cuidando de sus dos gemelos Hamnet (Jacobi Jupe), y Judith (Olivia Lynes) y de su hija mayor (Bodhi Rae Breathnach).

Hamnet / Universal Pictures
Hamnet / Universal Pictures

Sin embargo, ese espacio idílico se ve quebrado por la pérdida de Hamnet, quien protagoniza uno de los enfrentamientos más hermosos y devastadores contra la muerte que hemos visto en los últimos años.

A partir de ese momento, el núcleo familiar se fractura. Se abre una herida imposible de cerrar entre Agnes y William, lo que los obliga a enfrentar el duelo desde lugares opuestos. La madre se encuentra al borde de la locura y la desolación, mientras que el escritor transmuta su dolor para dar forma a una de las obras literarias más emblemáticas de todos los tiempos: Hamlet.

La obra surge entonces como un acto de memoria y despedida; un intento por permitir que, aunque sea por un instante, la ausencia y el dolor encuentren descanso.

Hamnet / Universal Pictures
Hamnet / Universal Pictures

Jessie Buckley: una actuación digna del Oscar

Hamnet conmueve con fuerza porque Chloé Zhao entiende a la perfección la novela homónima en la que se basa la cinta: no es la clásica historia de un genio atormentado, sino el retrato de una madre obligada a enfrentar la pérdida de uno de sus hijos.

Y es por ello que el centro emocional de la película recae en la extraordinaria actuación de Jessie Buckley. La actriz no solo transmite el dolor de la pérdida, sino que arrastra al espectador con ella. Su interpretación logra verbalizar un sentimiento para el que no existe una palabra precisa. Se trata de una actuación que surge desde la honestidad y, por ello, el Oscar a Mejor Actriz debe llevar su nombre.

Por si fuera poco, la dirección de Chloé Zhao también entiende el duelo desde lo personal. Su cámara permite que el dolor se manifieste no solo en los silencios y la naturaleza, sino también en el enojo, en la ira de no haber podido salvar a un hijo y en la incertidumbre que deja la ausencia.

Hamnet / Universal Pictures

Chloé Zhao y ritual de duelo

Algo que llama la atención es cómo el aura de misterio y magia permea toda la película. La muerte de Hamnet es increíblemente hermosa porque recurre a un juego que los gemelos tienen con su madre (cambian de ropa para confundirla), pero en esta ocasión buscan confundir a la misma muerte. Esta muerte es un poema visual que carga con buena parte de la película.

Y cuando crees que has visto la cúspide de la cinta, aparece Paul Mescal entregando todo su dolor en medio de un escenario en donde Agnes se encuentra en primera fila solo para ver cómo encarna a su hijo muerto y da vida a Hamlet de la forma más preciosa posible.

Es en esas escenas profundamente humanas donde Hamnet alcanza su verdadera grandeza; quizá el arte no vence a la muerte, pero sí construye un espacio para honrar la memoria de un ser querido. No para sanar heridas, sino para aprender a vivir con la ausencia y darle un sentido a la pérdida.

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