Ese destino trunco: One battle after another

One Battle After Another marca un giro en la filmografía de Paul Thomas Anderson al combinar el retrato político de un grupo radical con el drama íntimo de una familia fracturada

Por Xochipilli Hernández

Puntuación: 4.5 de 5.

Paul Thomas Anderson tomó un rumbo distinto en One battle after another (2025), después de su última dirección con Licorice Pizza (2021). Ahora nos trae una historia en la que la revolución cobra vital relevancia, sin ignorar lo que se cuece en el núcleo de la intimidad familiar.

One battle after another oscila entre dos ejes que cualquiera que tenga una formación política puede reconocer: el plano colectivo y el plano privado. Por un lado, la historia retrata los inicios (y posterior quiebre) de una banda radical de izquierdas llamada “Los franceses 75”. Por otro, sigue las peripecias de “Ghetto” Pat Calhoun (Leonardo DiCaprio) y Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor), ambos pertenecientes a la banda, quienes después de tener una hija se enfrentan a la debacle total: la institución familiar es incompatible con los ideales revolucionarios. Y la traición se hace presente.

Una Batalla Tras Otras / Photo Courtesy Warner Bros. Pictures
Una Batalla Tras Otra / Photo Courtesy Warner Bros. Pictures

Perfidia Beverly Hills es quien encarna la traición. Si nombre significa destino, no por nada se llama Perfidia; desde el principio hay un guiño de la deslealtad que desencadenará la catástrofe. Perfidia es el prototipo-ideal de mujer revolucionaria. Antimaternidad, antipareja, antimonogamia. La situación se tuerce cuando, por un arranque de heroísmo, la atrapan y le abren dos puertas: delatar a sus compañeros o la prisión. Como su nombre es destino opta por delatar a sus camaradas. Por supuesto, abandona a su hija Willa (Chase Infiniti), que queda bajo el cuidado de Pat.

Otra veta que explora el filme, a raíz de la descomposición del grupo, es la ruta de los revolucionarios. Entre los que terminan en la cárcel, los que huyen, lo que persisten en la clandestinidad, y los que terminan en el anonimato, en una depresiva vida de alcohol y hierba (como Path) las escenas plasman ese destino trunco en el que se convierten los ideales: un montón de gente dispersa, resistiendo o alejándose, cada uno desde su trinchera.

Path, por ejemplo, intenta criar a su hija Willa en la clandestinidad, antes del retorno de Steven J. Lockjaw (Sean Penn), un histérico oficial neonazi que intenta destruir las huellas de un pasado en el que tuvo un affair con Beverly Hills, para poder ingresar a una sociedad secreta supremacista blanca llamada Christmas Adventurers Club (una especie de “club de Toby” que no acepta ninguna mácula entre sus miembros).

Una Batalla Tras Otras / Photo Courtesy Warner Bros. Pictures
Una Batalla Tras Otra / Photo Courtesy Warner Bros. Pictures

Willa trastoca, así, en trofeo de cacería. Lockjaw la supone su hija y, bajo la excusa de atrapar a los antiguos miembros de “Los franceses 75”, va tras ella. El giro es irónico: Willa sería la hija de una revolucionaria y un neonazi. La antítesis total. En algún momento, Path asegura que ella es el futuro de la revolución.

Una batalla tras otra es la discontinuidad del triunfo. Que el triunfo es resbaladizo, se disfraza de ideales, se quiebra y vuelve a erigirse. En otras personas o momentos.

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