Dolly: Juega conmigo. La obsesión por ser madre convertida en slasher

Filmada en 16 mm y con claras referencias a The Texas Chain Saw Massacre, Dolly: Juega conmigo busca recuperar la brutalidad del horror más clásico.

Por Miguel Vázquez

Puntuación: 2 de 5.

Dolly: Juega conmigo sin lugar a dudas incomodará a buena parte de su audiencia. Sin embargo, siendo honestos, difícilmente provocará el impacto de horror que sí consiguió la cinta en la que evidentemente se inspira: The Texas Chain Saw Massacre.

La película de Tobe Hooper no sólo utilizaba violencia extrema y a un villano enorme cubierto con una máscara monstruosa; también construía escenas llenas de terror y muchísima tensión. Dolly, por el contrario, únicamente consigue impactar mediante el exceso de violencia y algunas imágenes grotescas, pero no dar miedo de verdad.

Dolly: Juega conmigo. / Corazón Films

Rod Blackhurst apuesta por un homenaje total al slasher clásico

El director Rod Blackhurst realiza un evidente homenaje a los clásicos del slasher. Filma en 16 mm para conseguir una textura granulada que transporta inmediatamente al cine de terror de otra época. Tiene todos los elementos del género: la clásica “final girl”, un asesino brutal y el escenario perfecto para una masacre —un bosque aislado, repleto de muñecas, y una pequeña casa donde ocurren los asesinatos—.

Visualmente, la película replica bastante bien la estética del horror setentero. La suciedad de la imagen y la construcción del escenario ayudan a crear una sensación enfermiza que por momentos funciona. El problema es que el filme parece más preocupada por replicar la apariencia del slasher clásico que por construir su propia identidad.

Y ese termina siendo su mayor problema, el homenaje se convierte en una película predecible, incapaz de aportar algo realmente nuevo al género.

La premisa de Dolly comienza fuerte, pero pierde impacto rápidamente

La premisa, aunque perturbadora, también se siente ya vista. Macy (Fabianne Therese) y su novio Chase (Seann William Scott) llegan a un bosque perdido en medio de la nada. Él pretende proponerle matrimonio, pero antes de hacerlo escucha un ruido extraño y deja sola a su pareja para investigar qué ocurre.

Es entonces cuando aparece Dolly (Max the Impaler), quien le destroza la mandíbula con una pala en lo que probablemente sea la escena de violencia más impactante de toda la película.

A partir de ahí, Macy es secuestrada y obligada a fingir que es un bebé mientras Dolly asume el rol de madre: debe cuidarla, alimentarla e incluso amamantarla (y sí, esa secuencia es realmente perturbadora).

El problema es que, después de ese arranque, la cinta sigue casi al pie de la letra la estructura más convencional del slasher.

Dolly: Juega conmigo / Corazón Films

El exceso de violencia termina agotando la película

Aunque intenta refrescar la narrativa con la aparición de otro personaje secuestrado (Ethan Suplee), igual o incluso más violento que Dolly, la historia pronto comienza a sentirse repetitiva y, en varios momentos, absurda.

Parte del problema recae en la propia protagonista: no importa cuántas oportunidades tenga para escapar, siempre termina siendo capturada nuevamente, muchas veces por decisiones poco creíbles. De hecho no importa que Dolly no pueda caminar bien (ya no digamos correr), la víctima siempre termina capturada.

El gran problema de Dolly es que depende casi por completo de la violencia extrema para sostenerse. Y fuera de su primera gran escena, pocas secuencias realmente permanecen en la memoria. Incluso el brutal ataque inicial pierde fuerza cuando Chase, pese a tener la mandíbula prácticamente destruida, sobrevive, se arrastra durante kilómetros y regresa para intentar salvar a Macy.

Después de eso, muchas de las escenas slasher terminan sintiéndose rutinarias y olvidables.

Dolly: Juega conmigo / Corazón Films

El contraste entre Dolly y Macy era la mejor idea de la película

Quizá uno de los elementos más interesantes sea el contraste entre Dolly y su víctima. Macy representa a una mujer joven, atractiva e insegura respecto a formar una familia, mientras que Dolly es un monstruo obsesionado con la idea de tener un bebé al que cuidar.

La dualidad resulta interesante porque transforma el slasher en una especie de pesadilla sobre la maternidad, el control y la infantilización. Ahí es donde la película parecía tener algo distinto qué decir. Sin embargo, la idea nunca termina de desarrollarse a profundidad y queda relegada por la necesidad constante de impactar mediante lo grotesco.

¿Vale la pena ver Dolly: Juega conmigo?

Dolly es sin duda un buen homenaje a la estética del slasher setentero, pero es ese homenaje el que termina por restarle mucho más de lo que aporta. Tiene imágenes capaces de perturbar, una villana terrorífica y momentos de violencia que a algunos les harán cerrar los ojos, pero nunca encuentra una identidad o un necesarias para convertirse en algo más que un homenaje sangriento.

Para los fans del horror extremo probablemente será una experiencia entretenida y desagradable en el mejor sentido posible. Pero quienes busquen una película verdaderamente aterradora o una reinvención del slasher difícilmente encontrarán algo memorable aquí.

Las inconsistencias narrativas, el absurdo y la dependencia constante del shock terminan jugando completamente en su contra.

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