La nueva película de Na Hong-jin, director de The Wailing, apuesta por el cine de monstruos, la acción y el humor negro, pero su ambición termina por jugar en su contra.
Por Miguel Vázquez
La secuencia de acción de Hope: el primer impacto, cuya duración es de aproximadamente una hora, es, sin lugar a dudas, lo mejor de toda la cinta. El director surcoreano Na Hong-jin construye una persecución en la que un grupo de habitantes intenta cazar a un monstruo que ha destruido prácticamente todo el pueblo.
Durante esta primera mitad, todo puede pasar. Los personajes mueren, otros se incorporan a la persecución y la situación escala hasta convertirse en un espectáculo que combina violencia, tensión y situaciones absurdas. La película encuentra buena parte de su encanto en ese descontrol, pero también en el humor con el que aborda los acontecimientos.
En ese caos destaca la increíble actuación de Hoyeon, quien interpreta a Sung-ae, una policía que demuestra tener más agallas que buena parte de los personajes que la rodean. Por su parte, Hwang Jung-min da vida al patético jefe de policía Ko Bum-seok, cuyas situaciones absurdas aportan un humor que equilibra la intensidad de la acción.
Algo que merece la pena mencionar es que toda esta secuencia de acción y persecución funciona de maravilla porque, además de estar bien coreografiada, demuestra la habilidad del director Na Hong-jin para construir misterio y tensión. El monstruo tarda varios minutos en aparecer; durante ese tiempo, el misterio se construye a partir de los rastros de destrucción y de los intentos del policía por comprender qué está ocurriendo. Poco a poco, la película revela más información sobre estos seres y sus intenciones, mientras mantiene la persecución como su principal motor.

Cuando la película empieza a explicar demasiado
Sin embargo, la segunda mitad de Hope no corre con la misma suerte. La acción y el humor que sostenían buena parte de la experiencia comienzan a perder protagonismo, mientras la historia se adentra cada vez más en la mitología de las criaturas. Aparecen nuevas explicaciones sobre lo que sucede y el conflicto adquiere dimensiones mayores, pero esa expansión no necesariamente mejora la película.
El problema es que Na Hong-jin parece tener cada vez más interés en explicar su universo que en explotar aquello que hacía tan entretenida la primera parte. La persecución, que durante una hora consigue mantener un ritmo frenético, da paso a una narración más pesada.
No se trata de que una película de monstruos no pueda desarrollar una mitología propia o plantear preguntas sobre sus criaturas. El problema está en la manera en que Hope incorpora esas respuestas y en el efecto que tienen sobre el ritmo. Conforme avanza la historia, la sensación de peligro y desconcierto que impulsaba la primera mitad cede terreno ante una sucesión de explicaciones que parecen más preocupadas por preparar el terreno para una posible secuela.
Monstruos que no terminan de convencer
Otro de los puntos débiles está en el diseño de las criaturas y en el uso de los efectos visuales. Aunque los monstruos son el centro de la amenaza, su apariencia no siempre consigue transmitir el impacto que la película necesita. El CGI se siente artificial en distintas secuencias y hace que algunas criaturas parezcan menos amenazantes de lo que deberían.
La cuestión no es únicamente que los efectos digitales sean evidentes, sino que terminan por restarle fuerza a momentos que deberían ser visualmente sorprendentes. Después de una primera mitad en la que el misterio permite imaginar lo peor, ver a las criaturas resulta un poco desconcertante y desilusionador.

Una película de dos mitades
La principal contradicción de Hope es que su mayor virtud también deja en evidencia sus problemas. La primera mitad demuestra que Na Hong-jin puede construir una película de monstruos tremendamente entretenida, con una persecución que combina acción, humor negro y misterio. La segunda, en cambio, parece convencida de que necesita ampliar su universo para mantener el interés, aunque eso implique perder ritmo y extender demasiado la historia.
Aun con sus tropiezos, Hope tiene momentos que justifican verla en la pantalla grande. Su apuesta por las secuencias de acción y el tono impredecible le dan una personalidad propia. No obstante, cuesta ignorar la sensación de que la película habría sido más efectiva si hubiera confiado un poco más en sus imágenes y en el misterio de sus criaturas, en lugar de intentar explicarlo todo.
Al final, Hope deja una impresión irregular: una primera mitad que sorprende por su energía y una segunda que pierde fuerza conforme avanza. La persecución inicial es tan entretenida que cuesta no imaginar cuánto mejor habría funcionado la película si hubiera conseguido mantener ese mismo impulso hasta el final.




