Entrevista con José Luis Isoard Arrubarrena sobre Una canción sobre lo que sea, cine mexicano, música y las dificultades que enfrentan los artistas emergentes.
El próximo 15 de enero se estrena en cines selectos Una canción sobre lo que sea, segundo largometraje del director José Luis Isoard Arrubarrena, una comedia dramática mexicana que observa con humor incómodo y melancolía las fisuras que deja el privilegio entre quienes alguna vez compartieron los mismos sueños.
Protagonizada por Camila Acosta, quien también participa como productora, la película se sitúa en el terreno de la creación artística, el deseo de reconocimiento y las expectativas —muchas veces irreales— que proyectamos sobre nosotros mismos.

Una artista frustrada y una amistad puesta a prueba
La historia sigue a Elena, una joven actriz que sobrevive grabando audiolibros de superación personal mientras atraviesa una profunda frustración profesional. Convencida de que una canción puede cambiarle la vida, decide grabarla en un estudio profesional, aun cuando no cuenta con los recursos económicos para hacerlo.
En su intento por conseguir el dinero, Elena busca a Carla (Lucía Tinajero), una excompañera de la secundaria que hoy es una empresaria exitosa. El reencuentro, atravesado por las desigualdades que ahora las separan, revela tensiones silenciosas, silencios incómodos y una nula relación que ya no existe entre ellas.
“La película se trata de cómo es la amistad en estas situaciones incómodas, cómo puede prosperar la relación entre humanos cuando hay esas trabas de por medio”, explica Isoard en entrevista con Acotación Itinerante.
Personajes incómodos como ejercicio de empatía
Lejos de buscar protagonistas complacientes, Una canción sobre lo que sea apuesta por un personaje principal que incomoda y detestable. Elena es terca, obsesiva y, en muchos momentos, difícil de querer. Para el director, esa fue una decisión consciente.
“Creo que son ejercicios de empatía… puede tener lados muy desagradables, pero cómo podemos conectar con ella, ¿no? Y cuesta un poco de trabajo”, señala.
Isoard también vincula el comportamiento del personaje con la depresión y la falta de herramientas emocionales: “Cuando la gente está deprimida es difícil ver las alternativas o ver un camino claro”.

El privilegio, el silencio y la incomodidad
Uno de los momentos más significativos del filme ocurre en el departamento de Carla, un espacio minimalista y estéril que refuerza la distancia emocional entre ambas. Esa secuencia, casi sin música y sostenida por silencios prolongados, fue también uno de los mayores retos de producción.
“Teníamos solo una noche para grabar 22 páginas de guion”, recuerda el director, quien relata que el equipo tuvo que rentar un Airbnb en Polanco ante la falta de locaciones y presupuesto.
El diseño sonoro juega un papel clave: “Todos estos ruiditos de garganta, el vaso tocando la mesa… están un poquito más elevados para reforzar ese silencio”, explica Isoard, señalando cómo la incomodidad se construye desde lo mínimo.
Soñarse héroe… y descubrir que no lo eres
La película introduce también una secuencia onírica inesperada, ambientada en un universo medieval con caballeros y dragones. Más allá del humor, esta escena funciona como metáfora del autoengaño.
“Elena siente que ella es el protagonista, que ella es el héroe, y no se está dando cuenta de que no lo es”, afirma el director.
“No hay que vernos a nosotros mismos como héroes… porque dejamos de ver nuestras desvirtudes”.
Este enfoque se refleja también en el desenlace, que se aleja de los finales complacientes y refuerza el tono de tragicomedia que atraviesa toda la película.
Un cine que pide atención y devuelve empatía
Más allá de su historia, Una canción sobre lo que sea se posiciona como una invitación a mirar otro tipo de comedia mexicana, una que se construye desde la observación y la cercanía. Para José Luis Isoard, la película vale la pena, ante todo, por el trabajo de sus actrices principales y por el tipo de experiencia que propone.
“Es una comedia que puede ser un poquito más ácida, tal vez más sutil, y que te exige un poco más involucrarte. Son dos personas teniendo dificultades para conectar, y como público sí tienes que acercarte un poco a ellas. Creo que ese esfuerzo de atención y de empatía es un ejercicio muy valioso”, afirma.
Hecha con recursos limitados y desde una lógica profundamente colectiva, la película llega a salas como el resultado de una apuesta personal y amistosa. “La recomiendo porque la hicimos mis amigos y yo”, concluye Isoard, resumiendo el espíritu de un proyecto que, sin grandes artificios, busca conectar desde lo humano y lo imperfecto.




