Un hogar tras las rejas, los cuidados en tela de juicio

En una prisión donde el encierro va más allá de los muros, Un hogar tras las rejas entrelaza las vidas de tres mujeres marcadas por la distancia emocional y la ausencia.

Puntuación: 3.5 de 5.

Por Xochipilli Hernández

Un hogar tras las rejas, la ópera prima de la directora surcoreana Cha Jeong-
yoon
pone en evidencia algunas interrogantes sobre la maternidad, las
instituciones penitenciarias y el rol de cuidados femenino.

La prisión no sólo es un espacio físico, también es la burocracia insensible,
la distancia emocional, la imposibilidad de los afectos. Estas son algunas de las
impresiones que produce Un hogar tras las rejas, filme que retrata la vida de tres
mujeres atravesadas por la separación física (y emotiva) en una penitenciaría.

Un hogar tras las rejas / Cortesía Cineteca Nacional

La primera de ellas es Tae-jeo (Song Ji-hyo), una funcionaria de alto rango
en la prisión, quien cumple su papel al pie de la letra: no se involucra, sólo actúa
para conservar el orden indispensable en el espacio. Es elogiada por su pulcritud,
aunque en un asomo a su vida personal las cosas se perfilan de otra manera,
dado que la soledad es un eje en su vida diaria.

La otra mujer es Mi-young (Ok-ji young), una reclusa de personalidad dura,
enfocada en sobrevivir el paso del tiempo, distante frente a cualquier demostración
de cariño. Mi-young es el personaje que rompe con los estereotipos de la
maternidad, ya que tiene una hija en el exterior con quien no guarda
comunicación.

Por último, Jun-Young (Kim Bo-Min), la hija, es una adolescente solitaria,
que sólo cumple con sus deberes escolares, vive en un hotel regentado por su
“tía”, rodeada por un aire de melancolía y desamparo.

Un hogar tras las rejas / Cortesía Cineteca Nacional

La vida de las tres mujeres se entrecruza tras la muerte de un familiar de
Mi-young. Tae-jeo se conmueve frente a la vulnerabilidad de la adolescente, y a
partir de ese resquebrajamiento emotivo, sufre una metamorfosis: comienza a
interesarse por la vida de Jun-young y el impacto de la ausencia de su madre presa. Esta relación amistosa fuera de lo común hace explícita la soledad de las
tres mujeres; por un lado, Tae-Jeo se da cuenta de lo superficial que resulta su
vida burocrática; Jun-young cuestiona la negativa a visitar a su madre, y Mi-young
concientiza lo difícil que le resulta asumirse como una madre “poco ideal”. Tae-
Jeo, quien cumple un papel de poder en la penitenciaría, busca el reencuentro de
la madre y la hija a través de huecos legales burocráticos.

La película explora todas esas facetas y las evidencia en tomas largas e
inmóviles. Es la soledad y la abulia lo que se manifiesta en ese tiempo que parece
“pasar sin pasar”, con personajes que viven en automático. El filme, por ende,
hace énfasis en esa lentitud, que por momentos es acaparadora. Es la lentitud de
los días que no tienen sentido, de los días de encierro y también de las trabas
burocráticas que dejan fuera cualquier sensibilización. Lentitud pesada, más que
contemplativa.

Un hogar tras las rejas propone que el cuidado no sólo se encuentra en lo
“familiar”, sino en nuestra capacidad de preocuparnos por el bienestar de un otro
ajeno. Y que, al final de cuentas, los cuidados son responsabilidades humanas y
colectivas.

Este filme formó parte de la 79 Muestra Internacional de Cine de la
Cineteca Nacional de México.

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