Por Jonathan Eslui
En entrevista con Acotación Itinerante, el director Hans Bryssinck y la actriz Martha Claudia Moreno hablaron sobre Celestino, película mexicana que compite por el Premio Mezcal en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, donde tuvo su estreno mundial.
Entre el suspenso y el surrealismo, la cinta aborda temas como la espiritualidad, el nahualismo, la identidad sexual y la figura del intruso, retratando un pasaje durante el año sabático de Iván, un periodista extranjero que viaja a México y, después de encontrar la cartera del escritor Celestino Pérez, se siente cautivado y decide seguir su rastro hasta llegar a la enigmática casa del autor en Tianguistengo, donde Iván encuentra un lugar extraño que a la vez le resulta familiar.
Al intentar resolver sus dudas sobre Celestino y saber más de su supuesto nahualismo, convive de cerca con la familia de este, compuesta por su madre y tres hermanas, de las cuales Pilar es interpretada Martha Claudia.}

Una historia que nació para filmarse en México
El origen del proyecto se remonta a una inquietud que acompañó al realizador durante décadas. Según contó, la primera semilla surgió a finales de los años noventa, cuando vivía una temporada en Colombia y aún imaginaba la historia en formato literario. “En ese momento pensaba que se iba a convertir en un libro, pero nunca me senté a escribirlo”, recordó. No fue sino hasta años después, ya con una mayor cercanía al lenguaje audiovisual, que esa idea mutó hacia el cine.
El proceso tomó forma concreta hacia 2015 o 2016, cuando el director llegó a México con un primer guion bajo el brazo. A partir de ahí, comenzó a tejer redes dentro de la industria local y encontró en el país el escenario ideal para su historia. “Sentí que de alguna manera esta tierra era perfecta para lo que quería contar”, explicó, convencido de que aquello que había imaginado podía materializarse en el contexto mexicano. Fue entonces cuando tomó la decisión definitiva: filmar la película en México y apostar por hacerla realidad después de más de una década de gestación.
Por su parte, Martha Claudia Moreno destacó el resultado final del proyecto, incluso por encima de sus expectativas iniciales. Aunque admitió que tenía ciertas dudas sobre el proceso de producción, la actriz se mostró sorprendida por el resultado: “Me encantó la película, fue más de lo que esperaba… el resultado fue maravilloso”, confesó.

Las referencias surrealistas para crear un peculiar universo
Para construir la atmósfera de su película, Hans recurrió a una serie de referentes literarios y visuales que le permitieron delinear un universo donde lo real y lo imaginado conviven sin fronteras. Entre ellos, destaca Pedro Páramo, obra que le sirvió para pensar el diseño sonoro desde lo intangible. “De alguna manera me ayudó a pensar en el universo sonoro y en cómo se podían escuchar cosas que no sabemos si están ahí o no”, explicó, señalando que esta influencia fue clave en la construcción del personaje de Celestino.
A esta exploración se suma el impacto visual de Las Pozas de Edward James, cuyo carácter surrealista permeó la estética general del filme. El director también encontró eco en la literatura fantástica y lo doméstico inquietante de Casa tomada, donde el espacio cotidiano se transforma en un territorio incierto.
Sin embargo, una de las influencias más persistentes durante el proceso creativo fue San Manuel Bueno, mártir. Hans retoma una idea central del texto para explicar la lógica emocional de su película: “yo no sé lo que es verdad y lo que es mentira… todo esto es más un sueño soñado dentro de otro sueño”, una reflexión que, según el director, lo acompañó a lo largo de todo el desarrollo del proyecto.
Desde su experiencia personal, la actriz encontró en la memoria un punto de partida fundamental para construir a su personaje. Criada en una familia de clase media, reconoce que muchas de sus referencias provienen de figuras cercanas y de una educación profundamente atravesada por lo religioso. “Tengo muchas referencias de tías religiosas y, sobre todo, de imágenes de mis experiencias de niña de ir a las iglesias”, compartió, aludiendo a ese cúmulo de recuerdos que define como un “archivo emocional y visual”.
Esa memoria, marcada también por los rituales de la Semana Santa, se tradujo en una interpretación que privilegia lo sensorial por encima de lo explícito. Más que construir el personaje desde lo racional, la actriz apostó por la intuición y por lo que iba surgiendo directamente en el espacio de rodaje. En ese sentido, explicó que la relación con el protagonista se fue tejiendo desde lo no dicho: “fue algo sensorial para construir una relación sin palabras”, especialmente considerando la carga compartida de escenas entre ambos personajes.

El rol de la fe en una historia de autodescubrimiento
Más allá de una lectura convencional, el director propone una reinterpretación del concepto de fe como motor narrativo y emocional de la película. Lejos de lo estrictamente religioso, la entiende como un impulso vital que atraviesa al protagonista.
“Para mí es más la historia de un aventurero que tiene algo ingenuo y se lanza en este viaje”, explicó, al tiempo que vincula esta idea con la búsqueda de sentido que define al personaje de Iván. En ese trayecto, la fe se convierte en una forma de esperanza: la posibilidad de reinventarse, de encontrar otra vida o incluso de reconectar con el mundo a través del acto creativo.
Esta dimensión también se despliega en un plano más íntimo y espiritual, donde el cambio —de vida, de profesión o de rumbo— surge como una necesidad ante el vacío. Para el cineasta, ese impulso por “encontrarle un sentido a la vida” abre la puerta a una búsqueda más profunda, menos tangible, pero esencial para comprender el viaje interior del personaje.
Desde otra perspectiva, Moreno amplía esta noción y la traslada al propio proceso de realización de la película. Más que un tema dentro de la historia, habla de la fe como una condición de existencia del proyecto mismo. “La fe de construir y de aventarse a hacer un proyecto sin apoyo, sin recursos y confiar que íbamos a lograrlo”, señaló, subrayando los años de esfuerzo detrás de la producción. En ese sentido, define la película como el resultado de una convicción sostenida en el tiempo: una necesidad personal llevada hasta sus últimas consecuencias.
Un estreno mundial en Guadalajara
El estreno en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara marca, en ese camino, un punto de llegada inesperado. El director reconoció que, aunque deseaba compartir la película con el público, no imaginaba hacerlo en un espacio de tal relevancia. “No me lo podía creer”, confesó, destacando también la apertura del contexto mexicano para recibir una obra que, aunque gestada en parte desde fuera, encontró aquí su lugar natural. Con curiosidad y expectativa, ahora espera el encuentro con la audiencia, consciente de que su película ofrece múltiples formas de conexión y distintas puertas de entrada a su universo.verdad personal”, agregó la intérprete.
