Lejos de las escenas de combate, la película convierte un enfrentamiento entre meteorólogos en un thriller contenido que demuestra cómo una decisión científica pudo cambiar el rumbo de la Segunda Guerra Mundial.
Irma Duarte
Pareciera que ya se han visto absolutamente todas las posibles historias y perspectivas de la Segunda Guerra Mundial en el cine: desde las más desgarradoras y brutalmente honestas hasta las que juegan con los imposibles o sólo se concentran en la acción en el campo. Es por eso que cuando se nos plantea una cinta que se enfoca en el equipo meteorológico detrás de las predicciones para el Día D que uno dice, ¿en serio? ¿Qué tan secos de ideas estamos? Sin embargo, “Pressure” (EL DÍA D: BAJO PRESIÓN) toma esta actitud de la audiencia y la torna a su favor, pues termina siendo una muy grata sorpresa para los amantes del género bélico
“Pressure” sigue la historia de James Stagg (Andrew Scott), un meteorólogo que es ascendido a capitán del departamento del clima militar para apoyar los esfuerzos de la invasión de Normandía. Es con este nuevo puesto que Stagg debe enfrentarse a Dwight D. Eisenhower (Brendan Fraser) y a su meteorólogo de gabinete, Irving P. Krick (Chris Messina). Ambos no quieren creer en el método y conocimiento de Stagg, sobre todo porque contradice sus predicciones de un Día D soleado. A grandes rasgos, la cinta es una que se concentra en los esfuerzos de ambos hombres por ser el que tenga la razón con respecto al clima. Si bien, el resultado de la predicción y de la invasión ya lo sabemos todos (o al menos, uno espera que así sea) – la tensión que construyen termina por ser una que te atrapa sin importar tu conocimiento de la historia universal.

De los mejores aciertos de la cinta sin duda es su cinematografía, misma que corrió a cargo de Jamie D. Ramsay. La composición y bloqueo de las escenas son exquisitas, remitiéndose a un momento en la industria en la que las películas tenían un trabajo de dirección hecho en conjunto con el departamento de fotografía. Ramsay también logra unas tomas de nubes divinas, que nos remiten al trabajo del maestro Gabriel Figueroa. La paleta de colores capturada es bellísima: Stagg, como protagonista, siempre está de azúl, haciéndolo resaltar en un mar de ocres. Quizá con esto recalcaban su postura que contradecía a todos los que lo rodeaban. De igual modo podría decirse que al hacerlo a él y al cielo los pocos elementos azules, que también se ahondaba la relación entre ellos.
Por otro lado, los personajes gozan de algo que cada vez es más difícil de encontrar en el ámbito audiovisual moderno: te muestran cómo son en vez de decirlo con diálogo expositivo. Con Steggers vemos a través de modismos, que es un personaje sumamente disciplinado y serio, mismo que hace contraste con Kirk, quién es arrogante además de más relajado. Si bien, nunca sabremos con certeza cómo eran estas figuras históricas en su día a día, la película hace una excelente labor de construir a sus personajes de manera orgánica. Asimismo, hace algo espectacular con la dirección de actores en las secuencias de Normandía: nos muestra distintas caras de niños que enfrentan la muerte. Unos están resignados, otros determinados, pero de vez en cuando enfoca a niños muertos de miedo que nos recuerdan que esta pelea, como en muchas guerras, fue peleada por jóvenes que apenas llegaban a la mayoría de edad.

Para cerrar la conversación de los aciertos técnicos de esta película, es importante hablar de la edición de la misma. Ésta mezcla a su narrativa tomas de archivo histórico, pero lo hace de una manera tan natural que sólo nos recuerdan lo difícil que fue esta batalla para aquellos que la vivieron. De igual modo, hace uso de recursos que no sólo son cortes fuertes, si no con estilo. La disolvencia que sucede de Kirk en la iglesia, después de percatarse de su error, es una lenta, que nos recuerda a Coppola y a un cine que no temía en recordarle a su audiencia que estaba viendo un relato en vez de un video en una pantalla de celular.
Finalmente, “Pressure” es una película que juega con el hecho de que la audiencia se siente rebasada de historias de guerra, para sorprenderlos y entregarles una obra hecha con sumo cuidado narrativo y técnico. Lo que logra el director, Anthony Maras, con ésta asegura su lugar en las conversaciones de la próxima temporada de premios, o al menos, le recordará a los espectadores que aún existen realizadores que se aproximan a este medio con sumo cuidado y respeto por el resultado final.




