Insaciable: una perturbadora reflexión sobre los trastornos alimenticios

La nueva película de Natalie Erika James utiliza el horror sobrenatural para hablar sobre la obsesión por la delgadez, la culpa y la presión por alcanzar un cuerpo perfecto.

Por Miguel Vázquez

Puntuación: 3 de 5.

Quizá la forma más extrema de bajar de peso sea tomando pastillas hechas con cenizas humanas. Esa perturbadora idea sirve como punto de partida para Insaciable, la nueva película de Natalie Erika James, una cinta que mezcla body horror y horror sobrenatural para construir una historia sobre la relación que muchas personas mantienen con su propio cuerpo y los alimentos.

La directora utiliza el terror para convertir la ansiedad, la culpa y la obsesión estética en un monstruo tangible. El resultado es una película que provoca más incomodidad por lo que representa que por la violencia que muestra.

Un fantasma hambriento alimentado por la obsesión

La historia sigue a Hana, una estudiante de medicina que vive atrapada en una constante inconformidad con su apariencia. Convencida de que sólo podrá conseguir pareja perdiendo peso, descubre unas cápsulas elaboradas con cenizas humanas que prometen adelgazar casi de inmediato. Sin embargo, el costo de esta fórmula mágica resulta bastante caro por lo que toma una mejor decisión: elaborar ella misma las cápsulas utilizando el cadáver que utiliza para realizar sus prácticas escolares.

Las pastillas, resultan ser bastante efectivas, no obstante, cada una de esas píldoras alimenta al espíritu de la persona que ha profanado, por lo que, es cuestión de tiempo para que este ser comience a atormentarla día y noche.

Insaciable / Diamond Films

El verdadero monstruo nunca es el fantasma

Lo más interesante de Insaciable es que el monstruo funciona como una metáfora de los trastornos alimenticios y la dismorfia corporal.

La criatura representa esa voz que nunca queda satisfecha. No importa cuánto peso pierda Hana o cuánto sacrifique; siempre existe la sensación de que todavía no es suficiente.

Un punto que destaca del filme es que las transformaciones físicas, las alucinaciones y las imágenes grotescas no buscan únicamente provocar asco en el espectador, sino reflejar el desgaste emocional de una protagonista consumida por la necesidad de alcanzar un estándar imposible.

La película incluso evita juzgar a Hana. En lugar de convertirla en una víctima pasiva o en alguien irresponsable, permite comprender cómo la presión social y la obsesión por la apariencia pueden empujar a una persona hacia decisiones cada vez más extremas.

Insaciable / Diamond Films

Por su parte, Midori Francis sostiene prácticamente toda la película. Su interpretación transmite ansiedad incluso cuando no ocurre nada sobrenatural. Basta observar la manera en que mira su propio reflejo o enfrenta cada comida para entender que el conflicto principal de la cinta es la guerra constante que libra contra sí misma.

Utilizando el body horror y el horror paranormal, la directora Natalie Erika James construye un relato que no busca únicamente provocar asco. Busca incomodar al espectador obligándolo a enfrentar la pregunta ¿hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para sentirnos cómodos con nuestro propio cuerpo?

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