Por Irma Duarte
Éric Toledano y Olivier Nakache, los realizadores del clásico contemporáneo francés, “Amigos” (Intouchables), regresan a la pantalla grande con “Sólo Una Ilusión” (Juste Une Illusion): un tierno coming of age que nos plantea lo difícil que es dejar la infancia mientras tus familiares también pasan por sus propias etapas transicionales.
Vincent (Simon Boublil), el hijo más pequeño de la familia Dayan, está a punto de hacer su bar mitzvah y concretar su paso a la adolescencia. Propio de la edad, comienzan a surgirle dudas acerca de la sexualidad, el deseo de tener su propio espacio, de tener la prenda de moda y sobre todo, de que Anna Karenina (Jeanne Lamartine) le corresponda. El problema, es que mientras él pasa por todo este proceso, su familia también está experimentando cambios importantes. Su padre Yves (Louis Garrel) ha sido despedido después de 15 años en el mismo puesto, su madre Sandrine (Camille Cotton) está estudiando informática para superar su carrera como secretaria, y su hermano, Arnaud (Alexis Rosenstiehl) vende
casettes con compilaciones para intentar ayudarse a él mismo y a su familia.
El mayor logro de la cinta verdaderamente es su aproximación a la comedia pues está llena de chistes de todos los matices. Si bien, algunos rayan en lo absurdo o hasta lo surreal, no molesta esta variación en tonos, al contrario, de cierto modo asegura que todos en la audiencia rían aunque sea una vez. Tal vez, la mejor manera de definir este acercamiento de los realizadores es que su enfoque se concentró en el humor natural que existe en las situaciones cotidianas. Es un humor inocente que remonta a la audiencia a la época en la que por vez primera enfrentaron al mundo adulto, creando así, desde la narrativa, una profunda melancolía.

La construcción de la nostalgia se fortalece gracias al excelente diseño de producción que recreó el París de los 80s. Si bien, París capturado en celuloide siempre ha sido bello, es rara la ocasión en la que se ve este tratamiento nostálgico que se ha puesto de moda en estos últimos años. Hemos visto la capital francesa en todas las épocas, pero poder verla con esta jovialidad y aproximación retro es refrescante además de divertida. Encima, el hecho de que en ningún lugar la ciudad tome protagonismo – como pasa en muchas cintas situadas en esta metrópoli – es un logro impresionante: existe un balance entre locaciones sumamente estéticas (el mosaico rojo podría ser considerado parte del reparto de lo latente que es) que están acuerdo a la época, sin que éstas pesaran más que la historia de la familia Dayan.
Obviamente, todo esta atmósfera funciona gracias a la excelente fotografía, hecha por Augustin Barbaroux. Su composición de las escenas es sublime, presentando momentos altamente estéticos, que ayudan a que el espectador se sienta en todo momento complacido por lo sucedido. Asimismo, el soundtrack está lleno de canciones que pasan de la nostalgia, a ser un elemento contextualizador, a el protagonista del chiste del momento (imposible no salir cantando shabadaba). Aunque, claro, la cinta termina por ser un éxito gracias al entrañable cast que da vida a los protagonistas de la historia.

Si bien, los grandes nombres (o al menos, los más familiares) son Garrel, Cotton y Lottin, el elenco joven también da peso a su interpretación. Si no fuera por el talento de todos, la historia y la ternura de ésta no funcionaría. Lo mejor, sin duda, es la interpretación de éstos de todos los momentos sublimes que se pierden en lo cotidiano: quedarte dormido en brazos de tu madre, pelear con tu hermano hasta la tregua mutua, bailar con tu pareja en casa sin razón alguna, etc. Garrel (Yves) tiene momentos en su comedia que gracias a sus microgestos terminan por arrancar carcajadas por lo natural que éstos se leen. Asimismo, Boublil (Vincent) termina por robar corazones y confirmar a muchos que si decide dedicarse toda su vida a esto, será considerado como los grandes del gremio.
“Sólo Una Ilusión” termina por ser una película muy simpática, que no pretende ser más de lo que es. Es muy amena y no reta demasiado al espectador. Sin embargo, su sencillez no es equiparable con ser tonta, al contrario, es una que recuerda el valor que yace en los relatos familiares. La comedia que la caracteriza da pauta a una cinta muy entrañable, con momentos vulnerables que provocan lágrimas en la audiencia. “Sólo Una Ilusión” llegará a salas mexicanas como parte de las selección del 30° Tour de Cine Francés, lista para divertir a las audiencias con otra gran obra de Éric Toledano y Olivier Nakache.




