Vincent Garenq reconstruye los últimos once días de Samuel Paty y muestra cómo una acusación falsa, amplificada por las redes sociales, desató una ola de odio que terminó en su asesinato.
Por Miguel Vázquez
En la cultura de la cancelación no hace falta comprobar una acusación para señalar a un culpable. Basta una publicación llena de indignación, un video lo suficientemente escandaloso y cientos de personas dispuestas a compartirlo sin cuestionar qué existe más allá de aquello que ven en primera instancia. La verdad puede intentar alcanzar después a la mentira, pero para entonces el daño estará hecho y quizá sea irreversible.
Eso es lo que ocurre en Abandonado, la película de Vincent Garenq sobre los últimos once días de Samuel Paty, profesor francés asesinado el 16 de octubre de 2020 tras impartir una clase sobre libertad de expresión. Antes del crimen existió una mentira: la acusación de una alumna que lo señaló por un supuesto acto de racismo y terminó por incendiar las redes sociales, convirtiendo al maestro en blanco de amenazas, fanatismo religioso y un odio colectivo que derivó en su muerte.
Samuel Paty, interpretado por Antoine Reinartz, imparte una clase sobre libertad de expresión y laicidad utilizando las caricaturas de Charlie Hebdo. Antes de mostrar las imágenes, ofrece a los estudiantes que pudieran sentirse ofendidos la posibilidad de salir momentáneamente del salón.
Por otro lado, Bachira (Emma Boumali), una alumna con problemas de conducta, inventa una historia en la que asegura haberse sentido agredida por la manera en que el profesor trató a los estudiantes musulmanes y por las caricaturas que mostró durante la clase. Sin embargo, existe un problema con su acusación: ella ni siquiera asistió ese día a la escuela.
A partir de ahí, su padre y un activista radical emprenden una campaña de odio en redes sociales contra el profesor y el plantel. Sus videos se vuelven virales y la escuela se ve obligada a solicitar ayuda de las autoridades ante la posibilidad de que ocurra un atentado contra sus instalaciones. Mientras tanto, Samuel Paty observa cómo su vida se derrumba en cuestión de días.

Abandonado convierte una historia conocida en un thriller
Aunque desde el principio conocemos el desenlace, Abandonado consigue generar una tensión extraordinaria. Sabemos que ninguna llamada, reunión o denuncia logrará detener lo que se aproxima y, aun así, la conclusión logra tomarnos por sorpresa.
La película no necesita inventar grandes giros porque la propia sucesión de los acontecimientos basta para crear un espacio hostil que te oprime el pech. La mentira de una adolescente se convierte en una denuncia pública; la denuncia alimenta la indignación de desconocidos y esa indignación termina llegando hasta un hombre radicalizado que ni siquiera tiene una relación directa con la escuela.
Garenq muestra este recorrido paso a paso y deja que la tensión nazca al comprobar la facilidad con la que el odio puede pasar de una pantalla a la vida real.
Lo más frustrante es que el director da espacio a creer que la situación todavía puede ser arreglada. Durante buena parte de la película existe la sensación de que se puede aclarar la historia, desmentir las acusaciones o proteger al profesor, sin embargo, la resolución sigue siendo la misma y cuando sucede el golpe te deja sin palabras.

Una reconstrucción fría que evita dar lecciones morales
Garenq reconstruye la historia casi como si se tratara de un documental, alejándose de cualquier juicio explícito o lección moral. Toma distancia y coloca frente al espectador las piezas de la investigación: la mentira de la alumna, la desinformación, el poder de las redes sociales para manipular y generar odio, las amenazas contra la escuela, el fanatismo religioso y el abandono institucional.
No necesita decirnos quién falló porque la sucesión de los hechos lo vuelve evidente.
La frialdad de Abandonado podría confundirse con falta de emoción, pero es precisamente lo que impide que la película explote el sufrimiento de Samuel Paty. Garenq muestra cada elemento del caso para permitirnos entender cómo ocurrió el crimen desde la mayoría de ángulos posibles y sin juzgar a ninguno de sus personajes. Incluso la mentira inicial es presentada como una acción impulsiva de una adolescente que no quiere ser regañada por sus padres, cuyas consecuencias crecen mucho más allá de lo que pudo imaginar.
Esto no significa que la película sea neutral ante lo sucedido. Su postura se encuentra en la manera de organizar los hechos, en las oportunidades desperdiciadas y en el contraste entre la velocidad del odio y la lentitud de quienes debían detenerlo.

El abandono institucional de Samuel Paty
El título no se refiere únicamente a la soledad de un hombre perseguido en internet. También señala a las instituciones que reconocieron la existencia del conflicto, pero fueron incapaces de protegerlo. Samuel Paty participa en reuniones, explica lo ocurrido y responde a los cuestionamientos mientras a su alrededor se acumulan señales cada vez más alarmantes.
La escuela se preocupa por la seguridad de los estudiantes y por evitar que la situación continúe creciendo, pero su respuesta termina desplazando hacia el maestro parte de la responsabilidad. En lugar de ser reconocido inmediatamente como víctima de una campaña basada en información falsa, Paty tiene que justificar una y otra vez las decisiones que tomó durante su clase.
La película no presenta a todos los funcionarios como personas indiferentes. Algunos intentan ayudar y otros actúan con los recursos que tienen a su alcance. El problema se encuentra en una estructura lenta y llena de protocolos que no consigue responder a la velocidad con la que circula la desinformación.
Mientras las autoridades programan reuniones, elaboran informes y tratan de reconstruir lo ocurrido, los videos continúan acumulando reproducciones y llegando a públicos cada vez más radicalizados. Mientras que las instituciones necesitan tiempo para investigar y comprobar los hechos, las redes sociales solamente requieren unos segundos para difundir una acusación.
Las redes sociales como una fábrica de enemigos
Además de reconstruir un crimen, Abandonado muestra la fabricación pública de un enemigo. Samuel Paty deja de ser una persona desde el momento en que su rostro y su nombre comienzan a circular acompañados por una acusación falsa. Para quienes observan los videos, ya no es un profesor con derecho a explicar lo ocurrido, sino el personaje que necesitan para confirmar su propia indignación.
Vincent Garenq realiza una película dolorosa, rigurosa y tensa sobre una tragedia cuyo final todos conocemos. Su mayor virtud consiste en obligarnos a observar el recorrido completo de una mentira y reconocer todos los momentos en los que todavía pudo ser detenida.




