Vértigo 2: Punto Muerto y el peligro que nunca importó

Por Malenny Camacho

Cuando Vértigo (2022) sorprendió a todos con una premisa mínima, dos mujeres
atrapadas en una torre de radio abandonada, funcionó porque no necesitaba nada más que la altura y el miedo. Vértigo 2: Punto Muerto cambia la torre por el monte Kwan, en Tailandia, y ahí es donde la franquicia tropieza con algo que no debió meter: una crisis real

Desde el arranque, alguien local le advierte a Jax (Harriet Slater) y a Luce (Arsema
Thomas)
que la zona donde planean escalar es peligrosa, no solo por la montaña, sino por los enfrentamientos entre patrullas fronterizas y traficantes de fentanilo en la frontera con Myanmar. Ellas van de todos modos. Hasta ahí, es el mismo patrón de siempre en este tipo de cine: el personaje que advierte, ignorado por protagonistas que necesitan meterse en peligro para “crecer”.

Vértigo 2: Punto Muerto / Zima Entertainment

El problema es lo que la película hace, o más bien no hace, con ese dato. El narcotráfico de fentanilo en esa región no es un recurso de guión inventado para generar tensión: es un conflicto real, con víctimas reales, que la producción usa exactamente igual que usa una roca que se desprende o una tabla que cruje. Aparece, genera tensión un rato, y desaparece sin que la trama vuelva a tomarlo en serio. No hay una sola escena que trate el tema con el peso que amerita; solo está ahí para que el espectador piense “uy, qué peligroso este lugar” antes de que la verdadera atracción, quedar colgando a 1,500 metros, tome el control.

Es la misma lógica que ya se sentía en la elección de trasladar la historia de un desierto estadounidense a una montaña tailandesa: el país ajeno funciona como escenografía de riesgo exótico, no como un lugar real con su propia gente y sus propios problemas. Y ahí es donde la secuela se vuelve más incómoda que la primera: no solo repite la fórmula con una altura más grande, sino que, para lograr esa sensación de peligro mayor, empezó a tomar prestado peligro de verdad, de gente de verdad, sin la intención de decir nada sobre él.

Vértigo 2: Punto Muerto / Zima Entertainment

Esto no quiere decir que la película sea un desastre técnico: la fotografía es inmejorable, aprovecha cada metro de altura para generar vértigo real en la butaca, y el elenco cumple con lo que le piden, no hay actuaciones que saquen de la experiencia. La trama, eso sí, es sencilla al extremo: todo lo que puede salir mal, sale mal, sin sorpresas más allá del susto físico. El problema nunca fue la ejecución técnica; fue qué decidieron meter en esa trama sencilla para estirarla a una hora y media.

Con la tercera entrega ya en camino, Vértigo 2 deja claro que la franquicia prefiere subir la apuesta de altura antes que resolver nada de fondo. El verdadero reto para la siguiente entrega no será encontrar una montaña más alta, sino decidir con más cuidado qué usa de telón de fondo para lograrlo.

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