Por Mariana Ruiz
La película de Bem, un lémur en fuga de Leopoldo Agular ha llegado a salas de cine mexicano con una historia llena de aventuras. La cinta además de mostrar una tierna historia que conecta animales y personas, también logra capturar la esencia chilanga sin convertirla en una sátira de la misma.
Bajo la dirección de Leopoldo Aguilar (Escuela de miedo, 2020), la película se construye como una fácula al azar, donde detona un proceso íntimo de crecimiento personal. Desde la premisa, la historia parece sencilla: un lémur es interceptado por traficantes de animales exóticos de la Ciudad de México, donde escapa y llega a la vida de una niña que vive aislada por sus alergias. Pero lo que podría quedarse como un cuento infantil, evoluciona a una metáfora sobre el crecimiento personal.

Una animación emocional
rene no solo encuentra a Bem, sino que se encuentra a sí misma en el reflejo de otro ser vulnerable. La coincidencia deja de ser casualidad y se vuelve un receptor de sentido, un punto de curva donde el miedo comienza a replantearse.
La animación 2D mostrada en esta cinta refuerza el interés de Aguilar por conectar con el cine familiar y los infantes, pues no es más que un proyecto que vincula la cultura chilanga mediante relaciones familiares, amistades y pérdidas con una identidad vibrante y caótica acompañado de solidaridad, resiliencia y humor, tal como se vive en la Ciudad de México. También se refuerza el hecho de que una película animada no es sinónimo de infantil, más bien puede ser para todo el público, en especial para vínculos cercanos como lo puede ser la familia y amigos.
Una historia animada en el cine mexicano
Dentro del panorama del cine mexicano, la animación ha transitado durante años por una clase de entorno en la que se encasilla en fórmulas comerciales que priorizan el humor de manera inmediata. Sin embargo, bajo esa misma periferia han surgido propuestas que demuestran que la animación no es menos a otros géneros del cine, sino que funciona como un lenguaje con posibilidades infinitas de las expresiones propias.
Bem, un lémur en fuga se inscribe en esta resistencia al abrazar una estética artesanal en la que cada trazo conserva un gesto de cultura y humanidad. Se destaca no por competir en detalles técnicos de las industrias, sino por plantear una sensibilidad como lo es el cuidado de la fauna y tráfico de animales dentro de un ambiente de tradiciones en un espacio de exploración emocional.

Cultura chilanga que refuerza vínculos
La dimensión familiar evita el sentimentalismo fácil puesto que las relaciones que rodean a Irena -particularmente la del tío Lupillo- no son un simple soporte, sino que funcionan como recordatorio de que crecer implica en trabajar los afectos aún con las pérdidas obtenidas. La película sugiere que la familia no es un espacio de certeza, sino un lugar que se construye y se aprende a querer.
Uno de los mayores aciertos es la cultura chilanga. Lejos de caer en un cliché de la comedia mexicana que se caracteriza por ser ruidosa o caricaturesca, la Ciudad de México aparece como un espacio lleno de vida entre símbolos, ritmos y cotidianidades que respiran la autenticidad de ser chilango. Es decir, los modismos, relaciones y escenarios no están solo para provocar entretenimiento, más bien construyen identidad.
Un proyecto que tarda 8 años
Con el apoyo de FONCINE y la llegada de la pandemia, el proyecto demoró 8 años en llevarse a cabo, pero haciendo a un lado estos detalles, se construyeron cerca de mil 400 escenarios hechos a mano con una animación cuadro a cuadro. En una industria en la que la inmediatez suele ominar, Bem apuesta por la paciencia como forma de resistencia creativa, este largo proceso traduce que la historia y el trabajo detrás de ella ha venido de recursos y honestidad poco común.
Al final, Bem, un lémur en fuga es una película sobre el acto de salir de tu zona de confort. Una historia que recuerda que los vínculos más profundos no se hacen de tiempo, sino de casualidades. Porque a veces basta una simple coincidencia para que la vida -de forma silenciosa-, cambie de dirección.




