Toda una vida, Ariel Gutiérrez convierte una experiencia familiar en una historia sobre el bullying y la violencia en México

En entrevista con Acotación Itinerante, el director y Marcus Elí V. Gómez hablan sobre el origen autobiográfico de la película, las heridas del acoso escolar y el trabajo detrás de una historia familiar atravesada por el secuestro.

Por Miguel Vázquez

Hay violencias que no terminan cuando desaparece la amenaza. Algunas permanecen en casa, cambian las relaciones familiares y dejan heridas que cada integrante intenta sobrellevar a su manera. En Toda una vida, ópera prima de Ariel Gutiérrez, el secuestro de una madre y el bullying que enfrenta su hijo se convierten en dos expresiones de una realidad que afecta tanto a las familias como a quienes crecen en un entorno donde la violencia parece formar parte de la vida cotidiana.

Ambientada en Saltillo durante los años 2000, la película sigue a Armin (Marcus Elí V. Gómez), un joven que enfrenta el acoso escolar por su sobrepeso y las constantes críticas de su padre, Rodolfo (Gerardo Trejo Luna). En medio de esa dinámica familiar, su madre, Rocío (Montserrat Marañón), representa su principal refugio afectivo. Sin embargo, cuando ella es víctima de un secuestro, el hogar pierde la poca estabilidad que conservaba.

Durante una entrevista con Acotación Itinerante, Ariel Gutiérrez y Marcus Elí V. Gómez hablaron sobre la construcción de esta historia, las experiencias personales que llevaron a la pantalla y el trabajo que implicó interpretar una relación familiar en la que el dolor proviene de distintos frentes.

Toda una vida / Cortesía

Una historia que nace de una experiencia personal

Aunque Toda una vida aborda problemáticas sociales que afectan a distintas comunidades del país, su origen está relacionado con una experiencia que el propio Ariel Gutiérrez vivió fuera de la ficción. El secuestro de su madre fue uno de los acontecimientos que lo llevaron a explorar las consecuencias de la violencia dentro de una familia.

El director explicó que prefiere no definir la película como una adaptación directa de su vida, pues el proceso de escritura incorporó distintos recuerdos y experiencias que terminaron por dar forma a sus personajes.

“La película efectivamente, tiene tintes autobiográficos. No me gusta decir que está basada porque más bien creo que toma cosas reales que sucedieron para hacer una ficción”, explicó.

Además del secuestro, Gutiérrez incorporó vivencias relacionadas con el bullying y la obesidad. Para él, estos elementos surgieron de manera natural durante la escritura, hasta convertirse en parte de una historia que no se limita a reproducir un acontecimiento, sino que reúne distintas experiencias personales.

“Al momento de escribir uno termina de repente voltea a ver la la computadora y ves que ya echaste un montón de cosas personales ahí y yo creo que es un proceso que se da naturalmente durante el proceso creativo”, compartió.

Esta relación entre experiencia y ficción permite acercarse a Toda una vida desde las consecuencias emocionales de la violencia. El secuestro no solamente representa una amenaza externa, también modifica los vínculos de quienes permanecen en casa y expone las dificultades de una familia para responder ante una tragedia.

El bullying también se aprende y se vive en casa

En la historia de Armin, el acoso escolar no aparece como un problema aislado de su entorno familiar. Las agresiones que enfrenta por su sobrepeso se suman a la mirada crítica de su padre, mientras el afecto de su madre constituye uno de los pocos espacios donde encuentra aceptación.

Para Marcus Elí V. Gómez, interpretar al protagonista implicó acercarse a situaciones que conocía a través de sus propias vivencias y de las experiencias que otras personas le habían compartido.

El actor explicó que buscó reunir esas referencias para construir un personaje que concentrara distintas formas de experimentar el bullying y los problemas familiares.

En ese proceso, las conversaciones con personas de su entorno le permitieron comprender mejor las dificultades que enfrentan los jóvenes y encontrar elementos con los cuales construir a Armin.

“Escuchar un poco tanto lo que muchas personas en el entorno de mi vida me han platicado, me han dicho y como unirlo es muy bonito porque creas como un molde general de muchas historias en un solo personaje para poderlo representar lo que viene siendo los problemas”, señaló.

La construcción del protagonista también estuvo acompañada por el diálogo con el director. Ambos compartieron experiencias relacionadas con el acoso escolar, una conversación que permitió acercar sus distintas perspectivas y trabajar sobre las emociones que atraviesa el personaje.

Para Gutiérrez, esta relación fue una oportunidad para conocer una generación con experiencias diferentes a las de su propia adolescencia. El director reconoció que las formas de bullying también han cambiado con la tecnología y que escuchar a Marcus le permitió acercarse a una realidad distinta.

“Creo que el gran aprendizaje es un aprendizaje humano de que el cine te obliga a conocer gente de otros lugares, de otras realidades, de otras edades, y eso siempre creo que en el aprendizaje es humano,”, afirmó.

Toda una vida / Cortesía

La violencia como parte de la realidad mexicana

El secuestro que cambia la vida de Armin sitúa la historia en un periodo complejo para el norte de México. Sin embargo, Ariel Gutiérrez aclaró que su intención no era construir una denuncia directa, sino retratar una realidad que forma parte de la experiencia de crecer en el país.

“Creo que es imposible hablar de la realidad mexicana y de la sociedad mexicana sin tocar el tema de la violencia, que creo que es el gran problema que tiene nuestro país, tiene cosas maravillosas, pero pues la la inseguridad es algo que nos toca a todos”, explicó.

Desde esa perspectiva, Toda una vida relaciona la violencia del crimen organizado con las consecuencias que experimentan quienes no necesariamente participan de manera directa en ese entorno. El secuestro de Rocío modifica la vida de su familia y deja a Rodolfo frente a una situación para la que no parece tener herramientas suficientes.

La película también reúne distintas formas de violencia que pueden convivir en la experiencia de un joven. Mientras Armin enfrenta las agresiones de sus compañeros y las dificultades de su relación con su padre, la amenaza que llega desde fuera transforma las condiciones de su hogar.

Gutiérrez buscó retratar esa complejidad sin convertir la película en un discurso sobre lo que sucede en el país.

“Yo quería, al momento escribir el guión, hablar sobre lo que significa crecer en un país como México con toda su complejidad y sobre todo estas cosas que son muy idiosincráticas, desafortunadamente, que se han vuelto cotidianas”, señaló.

La confianza detrás de las escenas más difíciles

La intensidad emocional de Toda una vida también planteó un reto durante el rodaje. Para Ariel Gutiérrez, trabajar con Marcus y con el resto del elenco implicó construir un ambiente donde los actores pudieran abordar las escenas más exigentes desde la confianza y el respeto.

El director recordó que desde el inicio desarrolló una buena relación con Marcus y que, con la incorporación de Mateo, quien interpreta al hermano menor de Armin, el equipo terminó formando una especie de familia durante la filmación.

“Pues bueno, creo que lo primero como de director, lo más importante es crear un ambiente de seguridad, de camaradería”, explicó.

Aunque la película aborda situaciones dolorosas, Gutiérrez señaló que la experiencia de filmar también estuvo llena de momentos de compañerismo. Para él, la dificultad de una escena no siempre depende de la intensidad de lo que sucede frente a la cámara.

Marcus coincidió en que algunas escenas que parecían sencillas podían convertirse en un reto durante la filmación. Ambos señalaron que el trabajo actoral depende también del estado de ánimo, las circunstancias del día y la dinámica que se construye en el set.

La experiencia, además, permitió que director y protagonista compartieran sus propias referencias sobre los temas de la película. En lugar de abordar el bullying únicamente desde el guion, ambos pudieron conversar sobre lo que significaba en sus vidas y cómo esas experiencias podían ayudar a construir al personaje.

Toda una vida / Cortesía

Una ópera prima que busca encontrarse con el público

Para Marcus Elí V. Gómez, la participación de Toda una vida en el Festival Internacional de Cine de Morelia representa una oportunidad que no imaginaba al comenzar su trayectoria como actor.

“Es un logro muy bonito el estar ahí ya al menos mencionados en el festival, el hecho de que vean el trabajo que que se realizó con tanto con con tanto cariño, con tanto amor”, expresó.

El actor también destacó la emoción de saber que la película comenzaría un recorrido en el que podría encontrarse con espectadores dispuestos a compartir sus propias experiencias.

“Pero a la vez inicia el recorrido que es para lo que se planeó la película, que es que la gente la pueda ver, que nos diga diga que piensa, que nos comparta sus experiencias, si se sienten relacionados, si han tenido experiencias similares”, añadió.

La película representa también el primer largometraje de Ariel Gutiérrez, cineasta egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), cuyo trabajo anterior incluye el cortometraje Los tiempos de Héctor, nominado en la sección Cinéfondation del Festival de Cannes.

Producida por Víctor Leycegui a través de Varios Lobos y filmada con equipo técnico y talento del noreste de México, Toda una vida apuesta por contar una historia situada fuera de los principales centros de producción cinematográfica del país.