Por Roberto Dorantes
No hay telón ni introducción larga. El escenario del Pabellón del Palacio de los Deportes está prácticamente vacío cuando aparecen DJ Matsunaga y R-Shitei. Tornamesas al centro, micrófono al frente. Eso es todo. Y con eso empieza a tomar forma el primer concierto en México de Creepy Nuts.
El arranque entra directo sin la intención de construir expectativas. Las bases caen y el flujo de R-Shitei se instala sin rodeos, rápido. Matsunaga responde desde la consola con cortes que marca el ritmo de un show que no se apoya en visuales espectaculares ni en una banda detrás. Todo pasa ahí, entre voz y tornamesas.
El set avanza sin cortes bruscos, como una sola línea que se va tensando poco a poco. Desde “Billiken”, el ritmo queda marcado, y conforme caen “Yofukashi no Uta” y “Daten”, la respuesta crece. “Gouhouteki Tobikata no Susume”, “japanese” y “LEGION” empujan esa inercia antes de que “Chudai” y “doppelgänger” terminen de amarrar al público. En medio, la rutina de DJ Matsunaga abre espacio para el lucimiento técnico, pero no rompe el flujo: lo refuerza.
La segunda mitad sostiene la misma lógica con “dawn”, “Emmanuelle”, “Mirage” y “Katsute Tensaidatta Oretachi e”, mientras “Nobishiro” y “Nidone” mantienen el pulso arriba. “Fright” y “Losstime” preparan el terreno sin bajar la intensidad, y entonces sí, cuando llegan los más esperados, no hay contención: “Otonoke” desata la reacción más fuerte de la noche. El encore remata sin rodeos con “Bling-Bang-Bang-Born” como cierre.
