El director mexicano revela cómo su fascinación por el universo de los traileros dio origen a una historia de amor entre hombres ambientada en las carreteras del norte de México
Por Miguel Vázquez
El universo de los traileros, los paisajes desérticos de Ciudad Juárez y una historia de amor poco convencional fueron el punto de partida de En el camino, la nueva película de David Pablos que triunfó en Venecia y que el director define como una exploración del deseo masculino.
Ganadora del premio a Mejor Película en la sección Orizzonti y del Queer Lion en la Mostra de Venecia 2025, la cinta sigue a Veneno, un joven que sobrevive entre las carreteras del norte de México vendiendo droga y ofreciendo compañía a cambio de un aventón. Durante una de sus huidas conoce a Muñeco, un trailero acostumbrado a pasar gran parte de su vida en el camino, con quien inicia un viaje que poco a poco transforma la relación entre ambos.
Durante el trayecto, ambos empiezan a acercarse poco a poco. Entre largas horas de carretera, paradas improvisadas y conversaciones dentro de la cabina del tráiler, la relación evoluciona más allá de la simple compañía. Al mismo tiempo, los problemas que Veneno arrastra por su relación con el narcomenudeo comienzan a alcanzarlo, mientras los dos intentan encontrar algo de calma en el mundo hostil y lleno de violencia en el que se desenvuelven.
En entrevista, Pablos reveló que la idea nació después de acercarse al mundo trailero acompañando a un fotógrafo que documentaba cachimbas y talleres mecánicos.
“Me di cuenta de lo poco que se sabe del mundo trailero, de lo poco que se habla. Me obsesioné con empezar a descubrir este mundo entendiendo que quería contar una historia de romance entre dos hombres precisamente porque es un espacio muy machista”, explicó.

De la fascinación por los traileros a una historia de amor
El director de Las elegidas y El baile de los 41 explicó que mientras más conocía el universo de los traileros, más convencido estaba de que ahí debía desarrollar esta historia.
Sin embargo, el proceso requirió años de investigación para acceder a una comunidad que describe como reservada y difícil de conocer desde fuera.
Durante ese recorrido encontró inspiración en Los hijos del camino, libro periodístico que documenta la vida de quienes pasan gran parte de sus días recorriendo las carreteras mexicanas. Aquella investigación terminó llevándolo hacia Chihuahua y Ciudad Juárez, lugares que terminarían definiendo la identidad de la película.
“Hay algo de lo convulso que es Juárez y sus alrededores que me llamó mucho más la atención. Estos espacios casi postapocalípticos me parecieron ideales para impregnar a la película de una atmósfera muy especial”, comentó.
El desierto y los tráileres como personajes
Uno de los aspectos más llamativos de En el camino es la manera en que contrapone la inmensidad del paisaje con la intimidad de los espacios que habitan sus protagonistas.
Para construir esa sensación, Pablos trabajó junto a la directora de fotografía Ximena Amann y la diseñadora de producción Belén Estrada, quienes decidieron tomar como referencia directa la estética real de los traileros.
“Nos enamoramos de ese estilo visual porque ya existe. Mucho de lo que muestra la película parte de lo que veíamos en la realidad”, explicó.
La decoración de los camiones, las luces de colores, las imágenes religiosas y los objetos personales forman parte de una identidad visual que la producción decidió respetar y potenciar. En particular, el tráiler de Muñeco fue concebido como un refugio emocional.
“Queríamos que fuera un vientre, un espacio donde afuera existe una carretera hostil, pero adentro se siente paz”, señaló.
El resultado es una película donde los vehículos dejan de ser medios de transporte para convertirse en hogares , espacios donde los personajes pueden bajar la guardia y permitirse real.

Una exploración del deseo y la masculinidad
Aunque inevitablemente dialoga con El baile de los 41, Pablos considera que En el camino aborda una dimensión distinta dentro de las historias queer que ha explorado en su filmografía.
Si aquella película observaba el pasado para entender las formas en que se construyeron las identidades homosexuales en México, esta nueva obra se concentra en el presente y en la manera en que el deseo masculino se manifiesta dentro de contextos marcados por la hipermasculinidad.
“Hablando enteramente de mi proceso personal, hay una continuación en el discurso. Obviamente cada película tiene una intención muy distinta, El Baile de los 41 fue voltear al pasado, para mí implicó entender mucho de lo que somos como colectivo LGBT, y concretamente hablando de los hombres gays, entender mucho de las dinámicas del presente a partir del pasado. En el camino habla del presente, habla del día de hoy, habla del presente en un lugar donde es peligroso ser un hombre gay, en donde un hombre gay está expuesto a mucha violencia y a muchos ataques”, dijo.
“Esta es una película que habla del deseo entre hombres. Se vuelve una exploración de la masculinidad, del deseo masculino y del cuerpo masculino”, añadió.
Lejos de presentar una historia centrada en etiquetas o conflictos identitarios tradicionales, la película pone el foco en la necesidad humana de afecto. Para Pablos, era importante mostrar cómo la intimidad puede surgir incluso en espacios donde aparentemente no existe lugar para ella.

“Hice la película que quise hacer”
Tras su exitoso recorrido por festivales internacionales, el director reconoce que todavía sigue descubriendo nuevas lecturas de la película gracias a las reacciones del público.
“Las películas son más inteligentes que los realizadores”, reflexionó. “Se construyen con muchas sensibilidades distintas y terminan creciendo más allá de uno mismo”.
Pablos asegura que observar las funciones le ha permitido entender mejor los momentos que conectan con la audiencia y aquellos que generan distancia. Sin embargo, por encima de cualquier premio o reconocimiento, hay algo que valora especialmente:
“Hice la película que quise hacer y no hice concesiones. Veo la película y pienso que solamente yo la pude haber hecho”, afirmó.
Esa convicción terminó encontrando eco en el público y en la crítica internacional. Lo que comenzó como una fascinación por los hombres que pasan la vida en la carretera se transformó en una historia sobre el deseo, la vulnerabilidad y la búsqueda de compañía en los lugares menos esperados.




