Noventa años después del viaje que Antonin Artaud realizó a México, Federico Cecchetti recupera aquella experiencia para imaginar lo que el poeta francés no alcanzó a comprender sobre su encuentro con el pueblo rarámuri.
El resultado es Jíkuri: Viaje al país de los Tarahumaras, segundo largometraje del director de El sueño del Mara’akame, que llegará a las salas mexicanas el próximo 17 de septiembre. La película sigue a Artaud después de abandonar antes de tiempo un ritual con el cactus sagrado y regresar a Francia sin una de sus tres almas.
La idea no surgió únicamente de los escritos del poeta, sino de una explicación que Cecchetti recibió durante su acercamiento con la comunidad rarámuri. Un sipáame —curandero rarámuri— le ofreció otra lectura sobre el deterioro que Artaud sufrió después de abandonar México.
“Lo que pasa es que él perdió el alma, por eso se volvió loco, porque no siguió las reglas de la danza”, le explicó en entrevista con Acotación Itinerante.
Artaud nunca habría comprendido que incumplió las reglas del ritual. Esa posibilidad permitió que Cecchetti construyera una historia en la que Rayénari, un corredor rarámuri, descubre lo sucedido y emprende un viaje mediante los sueños para intentar ayudarlo.
“Él entiende que perdió su alma, cosa que ni siquiera el mismo Artaud había entendido. Y entonces va a querer ayudarlo, a querer rescatarlo de su encierro. Él percibe que está mal”, añadió el director.

Mirar el viaje de Artaud desde el otro lado
La película está inspirada libremente en Viaje al país de los tarahumaras, libro en el que Artaud reconstruyó su paso por la Sierra Tarahumara y se divide en dos partes: La primera mirada corresponde al poeta que todavía se encontraba en la sierra; la segunda, al hombre que recordaba aquella experiencia desde el encierro, el sufrimiento y los electrochoques recibidos en una institución psiquiátrica.
En lugar de realizar una adaptación convencional, el cineasta decidió agregar una perspectiva que no aparece en la obra original: la de los rarámuris que recibieron a Artaud.
“Yo quise darle la estructura como de un espejo a la película. Es como un reflejo en un lago. Entonces, me pareció muy interesante ver la llegada de Artaud, pero desde el otro lado, desde un corredor rarámuri. ¿Y cómo fue para ellos recibir a este ser que era prácticamente un alien?”, señaló.
Rayénari no funciona así como un personaje secundario destinado a acompañar al visitante europeo. Su recorrido tiene el mismo peso que el de Artaud y permite observar lo que ocurre cuando un extraño llega a la comunidad con la intención de conocer sus rituales, su pensamiento y su forma de entender el mundo.

La distancia entre los rarámuris y la visión de Artaud
Para construir este universo, Cecchetti comparó los textos del poeta con testimonios de integrantes de la comunidad y estudios antropológicos. Durante ese proceso descubrió que algunas descripciones coincidían con las prácticas rarámuris, pero otras parecían existir únicamente dentro de la interpretación de Artaud.
“Empecé a encontrar cosas que sí cuadraban, pero encontré muchas cosas que no cuadraban. Y entonces mi método fue doble: un poquito de investigación de campo y preguntarle a los mismos rarámuris; también hice una muy profunda investigación antropológica y bibliográfica”, contó.
El director trabajó con asesoría de especialistas como Ana Paula Pintado y Carlo Bonfiglioli. La investigación le permitió distinguir entre las prácticas de la comunidad y aquello que Artaud había reconstruido mediante la poesía, sus ideas previas sobre México y su propia condición mental.
Cecchetti no utiliza esa distancia para desacreditar al escritor, sino para mostrar que su obra fue una interpretación personal. Artaud no era antropólogo ni buscaba documentar científicamente a los rarámuris, se dedicó acontemplar la sierra desde el arte y la transformó de acuerdo con su propia percepción.
Por eso, Jíkuri tampoco busca reproducir literalmente sus textos. Cecchetti prefirió reimaginarlos siguiendo el pensamiento artístico del autor de El teatro y su doble.
“No creo que la obra de Artaud se pueda representar, sino que hay que reimaginarla con sus mismas reglas”, sostuvo.

Los sueños como un territorio real
El vínculo entre Artaud y Rayénari ocurre principalmente dentro de los sueños. Para el poeta, este espacio está relacionado con el surrealismo, la imaginación y su necesidad de expresar aquello que los demás no podían ver. Para los curanderos rarámuris, en cambio, el sueño no se reduce a un fenómeno psicológico.
“Para mí los sueños son el lenguaje común entre estos dos mundos que colisionan. Entonces, a través de los sueños es como se logran comprender los personajes”, explicó Cecchetti.
Durante su investigación, el director conoció relatos de curanderos que aseguraban abandonar su cuerpo mientras dormían para buscar almas extraviadas, auxiliar a personas enfermas o enfrentarse con diferentes espíritus. Dentro de esa concepción, lo experimentado durante el sueño puede tener consecuencias en el mundo físico.

Esta idea sostiene el viaje de Rayénari hasta el hospital psiquiátrico. Después de prepararse en la naturaleza y aprender a transitar ese territorio, el corredor comienza a visitar a Artaud para recuperar el alma que dejó en la sierra.
Filmada en la Sierra Tarahumara, Jíkuri: Viaje al país de los Tarahumaras tuvo su estreno mundial en la competencia oficial del Festival Internacional de Cine en Guadalajara y posteriormente formó parte de encuentros como Mórbido, Viva México Rencontres Cinématographiques de París y el Festival de Cine Ibero-Latinoamericano de Trieste.
La cinta está protagonizada por François Négret como Antonin Artaud y José Cruz Apachoachi como Rayénari. Su estreno coincide con los 90 años del viaje del poeta a México y los 130 años de su nacimiento, pero su intención no es conmemorar al intelectual europeo desde la solemnidad. Cecchetti propone regresar a la sierra para mirar aquel encuentro desde el otro lado y preguntarse qué fue lo que Artaud dejó atrás cuando abandonó el ritual.




