Obsession: no existe nada romántico en obligar a alguien a amar

Obsession transforma una aparente historia romántica en una perturbadora pesadilla sobre obsesión, posesión y pérdida de identidad.

Por Miguel Vázquez

Puntuación: 5 de 5.

La idea de que un hombre pida un deseo para que la mujer que le gusta lo ame con locura no es algo nuevo. De hecho, probablemente estamos frente a una de las premisas más antiguas que la humanidad ha contado. Basta recordar el mito de Apolo y Dafne, donde el dios termina condenado a una obsesión imposible luego de ser alcanzado por una flecha de amor de Eros. Y siglos después seguimos encontrando variaciones de la misma tragedia: desde el brillante episodio “Rick Potion #9” de Rick and Morty, en el que Morty provoca el colapso de su dimensión intentando enamorar a Jessica con una poción, hasta incontables relatos donde el amor forzado termina convirtiéndose en horror.

Todas estas historias comparten la misma advertencia: jugar con el deseo ajeno siempre tiene consecuencias. O dicho de otra forma: cuidado con lo que deseas.

¿Es posible construir una buena historia a partir de un arquetipo tan utilizado? Bueno, si Rick and Morty no lo había dejado suficientemente claro, ahora llega Obsession, la nueva película de Curry Barker, para recordarnos que sí. Y no sólo eso, también demuestra que todavía existen formas violentas y devastadoras de reinterpretar una idea que lleva siglos persiguiendo a la humanidad.

Obsession y la destrucción de la identidad

Bear (Michael Johnston) lleva años enamorado de Nikki (Inde Navarrette). El problema es que ella jamás lo ha visto de la misma manera. Desesperado y sin una sola esperanza de tener una relación con ella, Bear termina encontrando en una extraña tienda un “One Wish Willow”, un objeto sobrenatural capaz de conceder deseos. Aunque al principio duda de la veracidad del producto, luego de fracasar en un último y desesperado intento por confesarle su amor, decide utilizar el artefacto como su recurso final.

Para su sorpresa, el artefacto funciona. Aunque no de la manera que imaginaba.

Durante sus primeros minutos, Obsession parece una clásica romcom sobre un hombre desesperado por conquistar a la chica que le gusta. Sin embargo, la fantasía romántica pronto se transforma en una experiencia atroz y perturbadora donde el amor desaparece por completo para dejar únicamente dependencia, obsesión, posesión y una lenta destrucción de la identidad de Nikki.

Uno de los puntos más fuertes de la película es observar cómo Nikki termina fragmentándose en dos entidades distintas. Por un lado está la versión consumida por la obsesión hacia Bear, una presencia cada vez más perturbadora, agresiva y violenta que termina destruyendo todo aquello que amenaza el deseo del hombre. Pero también existe la Nikki real, atrapada dentro del ser que controla su cuerpo, y obligada a hacer cosas que no quiere.

No existe nada romántico en la obsesión

Lo más perturbador de Obsession es que Bear jamás logra comprender el daño que está provocando. Incluso cuando Nikki comienza a perder el control, alejando violentamente a cualquier persona que amenace su relación, el protagonista continúa viendo el deseo como una especie de milagro romántico y no como la destrucción absoluta de la voluntad de otra persona.

De hecho, en un principio él sabe que ella no está bien; incluso llega a sugerir que está atravesando una crisis emocional muy fuerte. No obstante, tan pronto Nikki comienza a demostrarle el amor que siempre buscó, Bear olvida por completo las señales de alarma y se lanza de lleno a la relación.

A lo largo de la trama distintos personajes intentan hacerle ver que algo terrible está ocurriendo con Nikki. Sin embargo, él decide ignorar todas las advertencias. Decide ignorar el caos que está provocando e incluso el hecho de que su propia seguridad comienza a verse amenazada. Hay momentos en los que Bear ni siquiera puede dormir, pues Nikki se levanta por las noches para hacer cosas absolutamente atroces. Pero aun así él decide permanecer ahí, cegado por el supuesto amor que finalmente cree haber conseguido.

Cuando el rechazo se convierte en violencia

La película construye el horror por capas. Si bien en un principio lo aterrador parece ser la violencia y el torcido comportamiento de Nikki, poco a poco lo perturbador termina siendo observar cómo su personalidad comienza a desaparecer bajo una versión artificial creada exclusivamente para satisfacer la fantasía romántica de un hombre.

Cada muestra de cariño, cada momento de dependencia y cada arranque de violencia dejan claro que lo que existe entre ellos no es amor, sino una deformación grotesca del deseo. Y aunque Obsession nunca verbaliza directamente temas como la cultura incel, resulta imposible no pensar en todas esas historias donde algunos hombres son incapaces de aceptar el rechazo y terminan viendo el amor como algo que debe conseguirse a cualquier costo.

Bear no busca conectar con Nikki; busca eliminar cualquier posibilidad de que ella pueda abandonarlo, de ahí que no soporta la idea de que ella prefiera estar muerta antes que aceptar una relación con él.

La paranoia como forma de terror

Una de las decisiones más inteligentes de Obsession es la manera en que transforma poco a poco su propia identidad. Como mencionamos al principio, los primeros minutos de la película parece una clásica indie romcom, incluso varios de los momentos entre Bear y Nikki están construidos con la calidez típica de ese tipo de historias. Sin embargo, conforme el deseo comienza a deformar la personalidad de Nikki, la película también empieza a deformarse a sí misma.

Gran parte de esa transformación funciona gracias al impresionante trabajo de Inde Navarrette, quien termina por cargar toda la película. La actriz construye una versión de Nikki impredecible, capaz de pasar de un momento de ternura a un estallido aterrador de violencia en cuestión de segundos. Hay escenas en las que Nikki grita desesperadamente que Bear la ame para inmediatamente después volver a un estado de calma, y justamente esos cambios de tono son los que te mantienen en constante tensión.

Pero además, Navarrette consigue hacer que toda esa explosividad también tenga un componente de absurdo. Obsession juega constantemente con el humor negro y con situaciones que rozan lo ridículo. Sin embargo, la narrativa está tan bien construida que incluso momentos donde alguien desea millones de dólares y estos literalmente caen del techo logran sentirse naturales dentro del universo de la película.

Esa mezcla entre absurdo, horror psicológico y humor incómodo termina convirtiéndose en uno de los mayores aciertos de la cinta. Porque mientras la situación se vuelve cada vez más caótica, el terror emocional detrás de todo jamás desaparece.

A eso se suma un diseño sonoro extraordinario que convierte cualquier momento cotidiano en una amenaza. La película utiliza silencios, sonidos distantes, quejidos, sollozos y pequeños ruidos dentro de la casa para generar la sensación de que algo terrible está a punto de ocurrir incluso en las escenas más tranquilas.

Pero probablemente el elemento más brillante sea la forma en que la cámara construye paranoia constantemente. Obsession encuadra muchas escenas dejando espacios vacíos detrás de los personajes, obligando al espectador a mirar el fondo de la imagen con nerviosismo, esperando que Nikki aparezca repentinamente, que algo se mueva o que la situación explote de un momento a otro.

Esa sensación permanente de amenaza es la que termina convirtiendo la relación entre Bear y Nikki en algo tan atroz. Obsession no sólo habla sobre el miedo a perder la identidad dentro de una relación obsesiva; logra hacer que el espectador sienta esa ansiedad durante cada minuto de la película.

La pesadilla de ser amado como un objeto

Lo más impresionante de Obsession es que jamás necesita recurrir a elementos sobrenaturales para dar miedo. La verdadera pesadilla de la película está en la incapacidad de su protagonista de aceptar el rechazo y de su necesidad de convertir el amor en una forma de posesión.

Por eso la cinta funciona tan bien como reinterpretación moderna de uno de los arquetipos más antiguos de la ficción. Al igual que en los mitos y relatos que inspiraron historias similares durante siglos, el deseo concedido jamás entrega amor verdadero; únicamente devuelve una versión deformada y monstruosa de aquello que el protagonista creía necesitar. Bear consigue aquello que tanto deseaba, pero en el proceso termina destruyendo por completo a la persona que decía amar. Y lo más torcido de esto, es que él acepta esto con tal de cumplir sus fantasías.

Obsession transforma una fantasía romántica en una experiencia atroz sobre dependencia emocional, pérdida de identidad, obsesión masculina y control. Sin duda es una de los filmes más perturbadores de la temporada porque demuestra que no existe absolutamente nada romántico en obligar a alguien a amar.

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