Karla Condado presentó su cortometraje en la Berlinale Shorts 2026
Por Miguel Vázquez
Miriam es un cortometraje documental que se construye desde una herida que permaneció en silencio durante años, hasta que su directora, Karla Condado, encontró la forma de nombrarla. La película adopta la estructura de una videocarta dirigida a su tía Miriam, víctima de feminicidio, cuya ausencia marcó profundamente a su familia.
Lejos de proponerse como una reconstrucción de los hechos, la película se concentra en el proceso posterior: en romper el silencio, nombrar lo vivido y reflexionar sobre el miedo estructural que implica ser mujer en México.
El pasado 15 de febrero de 2026, Miriam tuvo su estreno mundial en la sección Berlinale Shorts de la Berlinale.

Una carta para decir lo que no se pudo decir
Miriam parte de un gesto lleno de amor. La directora recupera el último mensaje que su tía le envió por Facebook —y que nunca respondió— para entablar un diálogo con ella: contarle sobre su vida, sus amigos, su pareja; confesar la culpa de no haber hablado con ella por última vez, de no haber sabido recordarla entonces y de desearle un feliz cumpleaños.
Es una conversación anclada en el presente, pero inevitablemente atravesada por el dolor, la ausencia, confesiones y preguntas que quedaron congeladas en el tiempo.
En entrevista con Acotación Itinerante, Condado explica que el proyecto tardó más de dos años en tomar forma, pues no se trataba únicamente de un reto cinematográfico, sino también personal e incluso familiar.
La directora recurrió a acompañamiento psicológico con perspectiva feminista y enfrentó un duelo que, en sus propias palabras, no había podido vivir cuando tenía 13 años. Además, tuvo que encontrar la manera de acercarse a su familia y nombrar el feminicidio, aún sabiendo que eso implicaba reabrir una herida que seguía latente.
“Fue un proyecto que costó mucho trabajo emocional. No es un tema fácil de hablar, menos con la familia […] yo no encontraba la manera de decirle a mi familia cómo me sentí todos estos años […] También quería hablar con mi tía de alguna manera, entonces sí, fue un proceso bastante complejo en muchos sentidos, también cinematográficamente […] apenas empecé a trabajar con el proyecto, y en mi proceso terapéutico… fue cuando empecé a vivir el duelo como tiene que ser”.

El cine como espacio de duelo
Miriam no se limita a la estructura tradicional del documental testimonial: incorpora performance, voz en off con cadencia poética, intervenciones sobre material en 35 mm y una textura como parte del lenguaje emocional.
A partir de ese texto, la película fue encontrando su forma en el montaje. La cámara se convierte en una extensión del diario personal: viajes entre Puebla y Ciudad de México, el metro capitalino, encuentros con amistades. Imágenes que, más que ilustrar, buscan dialogar con la ausencia.
La construcción fue orgánica y fragmentada: filmar, montar, detectar vacíos y salir nuevamente a registrar imágenes. “No fue un proceso lineal”, explica. Esa lógica permitió que lo planeado conviviera con hallazgos espontáneos, como una imagen en el bosque —capturada al límite técnico de la cámara— que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más destacados del corto.
Más allá del testimonio: dignidad y memoria
La directora señala que el corto busca alejarse de las narrativas que abordan los feminicidios desde el morbo, por lo que apuesta por un cortometraje centrado en el proceso personal, la memoria y la ética de representación. En lugar de fijar la mirada en el hecho violento, Miriam se construye desde la experiencia de quien permanece: el silencio familiar, el duelo postergado y la necesidad de encontrar una forma respetuosa de nombrar la ausencia.
“Todo el tema de asesinatos, homicidios, feminicidios son retratados muy desde y para el perpetuador”, afirma. “Si yo voy a hacer esta película tiene que ser completamente respetuosa, porque aparte es para mi tía. Tiene que ser respetuosa para las otras personas que también han sido víctimas de feminicidio”, señaló.

Hacia el final, el cortometraje se detiene en una conversación entre Condado y su padre. Se trata de un diálogo que rompe años de silencio. Padre e hija se dan la oportunidad de recordar la historia de Miriam, desde los momentos más luminosos hasta la ausencia que marcó definitivamente sus vidas.
Así, Miriam se aleja del discurso frontal y opta por construir un espacio donde la memoria no sea solo recuerdo, sino acompañamiento. Una invitación a que otras mujeres y familias sepan que su dolor no es aislado.
“Yo lo que quiero es crear empatía y que si una mujer está sufriendo violencia sepa que hay gente alrededor que estamos para apoyarla”.
Que esta historia llegue a la Berlinale no es un detalle menor. Para Condado, quien se formó inicialmente como fotógrafa, el estreno representa un sueño inesperado: “Yo nunca pensé estar en un festival de cine como directora, estoy muy contenta”, concluye.
Con Miriam, Karla Condado construye una obra que apuesta por el cuidado, la memoria y el diálogo. Se trata de un cortometraje que no busca cerrar heridas, sino abrir espacios donde puedan nombrarse sin estridencia y con respeto.




