El documental de Frank Pavich retrata la vida en Cabarete y reivindica la música como raíz comunitaria, más allá de su éxito global.
Por Miguel Vázquez
En el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el documental Agridulce tuvo su estreno latinoamericano dentro de la sección Son de Cine In-Edit, apostando por una mirada íntima a la bachata más allá de su éxito global.
Dirigido por Frank Pavich, el filme se sitúa en Cabarete, República Dominicana, donde este género musical forma parte de la vida cotidiana. A lo largo de cinco años de rodaje, la película sigue a un grupo de jóvenes músicos en su tránsito hacia la adultez, acompañados por el guitarrista Mártires de León, figura clave en su formación dentro de la Academia de Bachata.

La música como raíz cultural
En entrevista con Acotación Itinerante, el productor Benjamín de Menil explicó el punto de partida del documental:
“La música es el corazón cultural de un pueblo. Es muy bueno que un género salga de su pueblo y que la gente mundialmente lo conozca, pero para que realmente pueda seguir viviendo, necesita de su pueblo, de su gente”.
El productor subrayó que la expansión global de la bachata ha tenido un costo: la pérdida de su contexto original.
“La bachata está pegando mundialmente… pero la información de dónde viene, su contexto, su cultura, se perdió un poco en el viaje”.
Contar una historia para entender una cultura
Frente a ese panorama, Agridulce opta por una aproximación íntima: contar una historia concreta para representar una realidad más amplia.
“Quería documentar una historia… de un grupo de niños de la República Dominicana, y demostrar al mundo cómo se siente y cómo se vive la bachata”.
Además, el documental plantea una postura clara sobre la educación musical y la preservación cultural:
“Muchas veces existen escuelas de música que enseñan música clásica o jazz… pero ¿por qué lo demás no? Cada género tiene su valor”.
De Menil enfatizó la necesidad de fomentar espacios de aprendizaje que mantengan vivas las tradiciones:
“Me gustaría ver academias de ranchera, academias de todo tipo de música… para que esa diversidad musical siga existiendo”.

Entre el sentimiento y la industria
Otro de los ejes de la conversación fue la tensión entre lo cultural y lo comercial en la música.
“La comercialización a veces cambia la razón por la cual una persona está escuchando música… lo importante es sentirla”.
Sin embargo, reconoció que la industria también cumple una función necesaria:
“Permite que la gente se pueda dedicar a la música… no deberíamos sacarla completamente de la parte comercial”.
Para el productor, el equilibrio está en mantener espacios comunitarios donde la música exista más allá del mercado, como ocurre en escuelas o entre grupos que la comparten de manera cotidiana.

Un puente con México
La presentación del documental en Guadalajara también adquiere un significado especial por la relación entre la bachata y la música mexicana.
“La música mexicana ha influenciado mucho la bachata… la ranchera, el bolero, Pedro Infante”.
De Menil recordó que muchos bachateros tradicionales crecieron tocando música mexicana, una influencia que sigue presente en el género.
“Qué lindo que se pueda presentar una película sobre la bachata aquí en Guadalajara”.
Con Agridulce, el FICG abre un espacio para reflexionar sobre la música no solo como industria o espectáculo, sino como una expresión viva que se construye desde la comunidad y se transforma en su diálogo con el mundo.




