El desaire: Gabriel Ramos convierte el corrido de Rosita Alvírez en una reflexión sobre la violencia de género

El director habló con Acotación Itinerante sobre las conductas machistas que cuestionó durante la escritura de la película, la participación de mujeres en el guion y la motivación personal que encontró en sus dos hijas.

Por Miguel Vázquez

Durante décadas, el corrido de “Rosita Alvírez” ha sido escuchado y cantado sin cuestionar demasiado la violencia detrás de su historia. Gabriel Ramos decidió recuperar este relato popular de Saltillo para trasladarlo al presente y observarlo desde una perspectiva diferente en El desaire, su ópera prima.

Más que reproducir literalmente la historia del corrido, El desaire utiliza su punto de partida para hablar sobre comportamientos machistas que permanecen normalizados dentro de las relaciones sentimentales, las familias y los espacios públicos.

En entrevista con Acotación Itinerante, Ramos explicó que la película busca mostrar cómo una situación de violencia puede originarse en un entorno cotidiano y transformarse gradualmente.

“Creo que un acierto de la película es que plantea este caso de violencia de género que se gesta en el núcleo de una relación y cómo va escalando esta violencia hasta convertirse en algo atroz”.

Rosa, interpretada por Vico Escorcia, es una joven de Saltillo que vende flores para apoyar a su madre y desea retomar sus estudios para convertirse en abogada. Mientras busca ganar una beca para continuar sus estudios, su relación con Juan, interpretado por Guillermo Alonso, comienza a deteriorarse por las actitudes machistas con las que trata a la protagonista.

En un principio, Juan parece atento y dispuesto a ayudarla. Sin embargo, detrás de esos gestos aparecen los celos, el control y la resistencia ante la independencia de su pareja. Paralelamente, Rosa debe enfrentar el acoso de Héctor, un cliente interpretado por Joshua Okamoto.

Una violencia ejercida desde la cercanía

Para Gabriel Ramos, una de las decisiones importantes de la película fue colocar el mayor peligro dentro del círculo cercano de Rosa. Aunque Héctor se presenta como una amenaza evidente, la relación sentimental de la protagonista demuestra que una persona conocida también puede aprovecharse de la confianza y vulnerabilidad de su pareja.

“A veces una relación que se vuelve tóxica, la persona en la que más confías y más quieres es la que te sabe más vulnerable y la que se puede aprovechar porque tú estás expuesto con esa persona”.

La película busca avanzar desde comportamientos cotidianos hasta expresiones cada vez más graves de violencia. Esa progresión permite que el público identifique actitudes que, vistas de manera aislada, podrían parecer inofensivas, pero que forman parte de una dinámica de control.

El director considera que esta reflexión no debe limitarse a las mujeres que enfrentan una relación violenta, sino que también debe alcanzar a los hombres y las conductas que han aprendido dentro de una sociedad machista.

“Le dejo un mensaje muy potente también a los hombres para que reflexionen sobre sus actitudes. Entonces creo que esto es un problema de hombres y mujeres. Es un problema que nos atañe como sociedad y tendremos que atenderlo juntos para poder resolverlo”.

La participación de mujeres en el guion de El desaire

La historia fue escrita por Gabriel Ramos, Alba Garza, Elena Barbosa y Jorge Sarmiento. El realizador explicó que integrar las experiencias y perspectivas de dos mujeres resultó indispensable para construir las situaciones que atraviesa Rosa.

Algunas escenas surgieron de experiencias vividas por las propias guionistas, particularmente aquellas relacionadas con el acoso en el transporte público y otros espacios cotidianos. El intercambio también llevó al director a revisar su comportamiento y reconocer actitudes aprendidas.

“Algunas situaciones que se plantean en la película son experiencias también que han vivido las guionistas como mujeres que han sido acosadas. Uno como hombre, también al participar en la escritura, te das cuenta si como hombre has actuado de esa manera”.

Para Ramos, ese proceso reveló que el machismo no solamente se encuentra en sus expresiones más evidentes. También puede reproducirse mediante acciones que han sido normalizadas por la familia, las relaciones sentimentales y el entorno social.

“Ahí es donde te empieza a caer el veinte de que es un tema de educación y que nos compete a todos como sociedad”.

Una película pensada también para sus hijas

La responsabilidad de abordar la violencia contra las mujeres tuvo además una dimensión personal para Gabriel Ramos. El director es padre de dos adolescentes y pensó en El desaire como una herramienta que pudiera ayudarlas a identificar comportamientos peligrosos dentro de sus futuras relaciones.

“Yo aparte tengo dos hijas, una de 16 y otra de 14 años. Para mí era súper importante abordar este proyecto con toda la responsabilidad porque me iba a permitir dejarles un documento a ellas”.

Más allá de ofrecer una respuesta cerrada, Ramos espera que la película provoque conversaciones entre quienes reconozcan en la pantalla actitudes que han padecido, presenciado o incluso reproducido.

“Lo que más gusto nos da es que esta película con este mensaje pueda llegar a muchas salas de México, que la gente pueda verla y que inicien estas conversaciones incómodas, pero bien necesarias”.

El desaire fue filmada en Saltillo y cuenta también con las actuaciones de Karen Martí, Irene Arcila y Gabriela de la Garza.