Por Melissa Martínez
La nueva cinta del estudio de animación DreamWorks, a cargo de los directores Joel Crawford y Januel Mercado, es una carta de amor a la familia y a la amistad.
Jo y Raissa, mejores amigas desde la infancia, quedan accidentalmente varadas en Nakali. Pronto descubren que la única forma de volver a casa podría ser a costa de toda una vida de recuerdos. A partir de esta idea se construye un universo fantástico plagado de referencias a la mitología y las tradiciones filipinas.
Gracias a las historias que su Lola le contaba desde muy pequeña, el mayor sueño de Jo era encontrar el portal que la llevaría a Nakali. Su carácter enérgico y su fascinación por aquel mundo también fueron parte de lo que dio inicio a su fuerte amistad con Raissa. Ambas comparten un pacto, encontrar Nakali y ser mejores amigas por siempre. Como símbolo de este vínculo, cada una porta una pulsera en la que va reuniendo dijes que representan algunos de los momentos más entrañables de su amistad.

Con el paso de los años, la amistad de ambas se fortalece, hasta que sus caminos están apunto de separarse. Raissa ha decidido estudiar la universidad en California, mientras Jo continúa planeando su futuro alrededor de la amistad que han construido.
En su última noche juntas, la oportunidad de visitar Nakali finalmente se presenta y ambas deciden aventurarse en el mundo con el que habían soñado desde niñas. Despiertan en la isla, desconcertadas después de lo que parece haber sido una En la búsqueda de algo que las ayude a recuperar la memoria, se encuentran con Raww, un hombre-perro que afirma ser su amigo de la isla y se ofrece a ayudarlas a recordar lo ocurrido para encontrar el camino de regreso a casa.
Durante esta aventura, las dos amigas conocen toda clase de criaturas mágicas de las que habían escuchado hablar durante su infancia, muchas de ellas con una profunda raíz en la cultura y el folclore filipinos. Entre ellas se encuentra Batibat, presentada aquí con ciertos ajustes respecto a la leyenda tradicional: un demonio de los recuerdos que habita entre las raíces de la isla y que guarda un miedo inexplicable hacia el mundo exterior noche bastante divertida y alocada. El problema es que han perdido la llave que podría regresarlas a casa y no recuerdan absolutamente nada de lo sucedido.
Batibat tiene el poder de regresarlas a casa, pero a cambio exige un precio demasiado alto todos los recuerdos de su amistad que ambas han albergado en las pulseras que tanto atesoran.

Mientras tanto, la Manananggal, una atemorizante criatura capaz de dividir su cuerpo a la mitad, las acecha después de que toman algo que le pertenece. También aparecen otras representaciones de los mitos filipinos, entre ellas los Kapre, guardianes de los bosques sobre quienes Lola les había contado numerosas historias y que terminan por recordarle a Jo uno de los mensajes más conmovedores de la película, aun cuando la distancia entre los amigos sea demasiado grande, siempre podremos mantenerlos presentes a través de nuestros recuerdos.
La construcción de ambos mundos está llena de referentes culturales en los que fácilmente podemos vernos reflejados. Algunas situaciones incluso desdibujan la distancia que existe entre una isla del sudeste asiático y América Latina, pues hay mucho que estas dos culturas comparten: las abuelas como sostén y figura fundamental en la crianza de las infancias, el clásico chanclazo como demostración de enojo, la imagen religiosa presente en la casa familiar y las numerosas familias que se reúnen durante las fiestas.

Mientras el mundo mágico está lleno de colores neón y un dinamismo muy cercano al cómic y al anime, sus personajes mantienen cierta reminiscencia de otros clásicos de la cultura cinematográfica. La cinta cuenta con todos los elementos necesarios para conmover y divertir al espectador, sin perder calidad en ninguno de sus departamentos. Un buen diseño de personajes, una animación atractiva y cuidada, y una historia pensada para conectar con nuestras emociones.
La isla olvidada es una aventura sobre la amistad, también en una reflexión sobre aquello que nos construye y nos permite reconocernos a través del tiempo. Porque recordar no significa únicamente conservar momentos del pasado, sino también mantener vivos los vínculos, las personas y las partes de nosotros mismos que han formado nuestra identidad.




